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septiembre 28, 2010 / edwin

La muestra de la amable sonrisa

En un banco de la plaza de Catalunya, ante las paradas número 4 y 5 de la Mostra d’Associacions, de los Amics del Titerearte y Yaya Luisa, un chófer de bus con su camisa rojiblanca intenta aclarar por teléfono un malentendido de la noche anterior. «A ver, Charo, yo te dije de quedar para dar una vuelta, para bailar’, pero tú me dijiste que no. Pues salgo yo solo y te encuentro a ti, joder…» Diez metros más allá, ante las paradas de la Associació d’Amputats Sant Jordi y de los Amics del Jardí Botànic, el conflicto sentimental es mayor. Él, rapado y con tres trenzas curiosas, está sentado en el suelo, con mirada triste y perdida. Ella, en cuclillas delante suyo. «¡Yo no puedo más!», grita él, se levanta, da un golpe a una valla y se va. Lástima. En el banco ante la parada de la asociación espiritual Brahma Kumaris un hombre lee en este diario la página sobre La princesa de San Blas, Belén Esteban for president. A cinco metros, ante el puesto de los defensores de los derechos de los animales, un chaval de rasgos orientales ahuyenta a las palomas con su patinete. En el banco delante de las paradas de Avis Acollidors y de la Agrupació Astronòmica, una pareja islámica de Indonesia come con el pulgar y los dedos índice y corazón arroz y pollo de platos de plástico. Su hijo duerme pacíficamente. Más a la derecha, ya a la mitad de la vuelta por la plaza, en un banco delante de los puestos del Club de Fútbol Barceloneta y de Dret a Morir Dignament, una pareja de apenas 16 años se pierde en largos morreos de amor adolescente, que es cuando el entorno deja de existir y no se piensa ni un segundo en la muerte, digna o no. Tampoco le importa un pepino ese entorno al buscavidas inglés que se despierta de su resaca en la hierba maltrecha, se levanta y se pone a orinar a la vista de todo el mundo. Tiene la cara roja, unos 40 años muy mal llevados y delante suyo las paradas de la Fundació Temps i Compromís y la Fundación Theodora de payasos para los niños hospitalizados, gente que honra mejor el nombre de payaso que el impresentable inglés. Ya al final de toda la vuelta por la plaza, pasados los Aguiluchos de Perú y las Sonrisas de Bombay, justo al lado de la última parada, el número 54 de Stop Accidentes, está el puesto de la Cruz Roja con ambulancia incluida. ¿Don de la oportunidad o coincidencia desafortunada? Es el 15º aniversario de la muestra de asociaciones. Están las más conocidas y mediáticas, pero sobre todo decenas más pequeñas y modestas. Para todos los gustos o necesidades. Ciclistas, gais positivos, padres de gais, amantes del Reiki o de animales, para gente con cáncer, graves lesiones medulares o soriasis, para niños, abuelos y acuarelistas, para Haití, Pakistán y el Tíbet. Y todos te ofrecen una sonrisa, una cura de amabilidad. Es la muestra del buen rollo. El chico rapado de las tres trenzas ya no da golpes y consuela a su chica. Menos mal. Y seguramente, el chófer del bus bailará esta noche con Charo.

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