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octubre 8, 2010 / edwin

Contra esos eternos escotes

A 25 metros de la entrada del centro Francesca Bonnemaison, baluarte de los derechos de la mujer y de la igualdad de género en la calle de Sant Pere més Baix, hay en la parte trasera de un quiosco una foto de un hombre rapado y sonriente entre dos profundos escotes. Made for men pone abajo; un perfume para hombres de verdad, insiste el anuncio, no para cualquiera. A mí, aunque me pongan 20 de esos escotes delante, no me convencen para comprar una fragancia de un tipo que se llama Bruno Banani; no me gustan los aromas frutales.
Es esta la única campaña «sexista» que se puede ver por Barcelona estos días; un ejemplo de la «mirada masculina» que se denuncia desde ayer en una pequeña exposición en esa antigua biblioteca de mujeres que fundó Francesca Bonnemaison, inteligente y valiente mujer francocatalana que luchó a principios del siglo XX contra el tradicional yugo masculino. Una muestra que lleva un largo título, Lectura crítica de la representación que hacen los medios audiovisuales occidentales de los cuerpos femeninos, aunque casi únicamente se centra en fotos de campañas publicitarias de ahora y su curiosa y fascinante comparación con el mundo del arte de siglos atrás. 
Así que la Venus de Urbino de Tiziano (1538) y la Maja desnuda de Goya (1800) son antecesoras artísticas de un anuncio con una chica igualmente acostada y ligeramente vestida de Intimissimi, y las miradas de las mujeres (¿de dolor o placer?) en La muerte de Cleopatra y El éxtasis de Santa Teresa compiten con la expresión de la modelo que nos quiere vender el Idole d’Armani. Casi todos los cuadros citados para resaltar esa «falta de diversidad y la imagen estereotipada» a lo largo de los siglos son de pintores italianos; o sea, ese otro estereotipo, de machos y latin lovers ellos ya lo plasmaron en los lienzos.
«Queremos recuperar los cuerpos de las mujeres para las mujeres. Esa representación sexista tiene repercusiones en la vida y en la salud de la mujer», decía ayer Inma Moraleda cuando inauguraba la exposición, ante 25 mujeres y cinco hombres. Fuera, la casualidad ofrecía un ejemplo más de lo que el Observatori de les Dones en les Mitjans de Comunicació quiere denunciar con su exposición: en la Rambla de Catalunya se exhibe en plena calle –dentro de la campaña El MNAC al carrer– un cuadro de Francesc Gimeno, que en Dona dormint retrataba en 1899 a su propia mujer. Pero en los 20 minutos que me lo quedé mirando, nadie se detuvo a observar su semidesnudez; tal vez porque exhibe su pezón inalcanzable a unos 1,90 metros de altura, a lo mejor porque esos destapes ya no llaman la atención como un siglo atrás, pero sobre todo porque la electrónica en el escaparate de al lado atrae más.
Por lo demás, poca publicidad sexista en la ciudad, aparte del perfume bananero, que, eso sí, se ha ganado la foto de aquí al lado. Como buen ejemplo. O malo.

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