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octubre 11, 2010 / edwin

Melodías ‘hippies’ a golpe de pedal

Puede que sean los últimos hippies de California, especie que también ahí está en extinción. De hecho, cuando te encuentras todavía un hippy en cualquier lugar del mundo, preferiblemente en una playa idílica, siempre es alemán. Ellos no, ellos son una docena de californianos a quienes se han unido en su admirable periplo por Europa una chilena, una italiana y una francesa. No son unos hippies vagos, sedentarios, fumetas: acaban de llegar a Barcelona tras pedalear desde mayo casi 7.000 kilómetros por media Europa, atravesando Inglaterra, Holanda, Alemania, la República Checa, Hungría, Eslovenia, Italia y Francia. La última etapa, de Toulouse hasta aquí, ha sido la más bestia. Tuvieron que subir el Puymorens, aunque luego disfrutaron como niños en un tobogán del descenso vertiginoso de La Molina a Castellar de n’Hug.

Y no van en bicicletas deportivas, ligeras, sino en unas Surly robustas, preparadas para transportar los 50 kilos de material que llevan las chicas y los hasta 100 de los chicos, además de su propio peso. Todo para demostrar a Europa, y ayer a Barcelona, que la bici no solo es el transporte más ecológico del mundo sino que, además, puede servir para todo. Como generar corriente y con ella reproducir música en directo.

Se llaman The Pleasant Revolution, y esa revolución agradable que se fundó en el 2007 ya ha hecho giras semejantes por Centroamérica y de una a la otra costa estadounidense. «A veces tenemos que coger el tren para llegar a tiempo a la siguiente ciudad, porque muy rápido no vamos, solo unos 15 kilómetros por día», dice Giulia, que es de Parma. Será el caso esta semana: subirán con sus bicis al tren porque el sábado ya les esperan en Lisboa.

En Barcelona están este domingo 10 del 10 del 10 para participar en la campaña 10:10, una iniciativa internacional para que todos reduzcamos desde el 2010 en un 10% nuestras emisiones de CO2. Los revolucionarios agradables han tenido que esperar a que remitiese la lluvia para desplegarse en la Barceloneta, primero, y la plaza dels Àngels, después, y ofrecer junto a bandas locales su curioso concierto. Voluntarios del público se suben a las cuatro bicicletas para generar la corriente suficiente para que, por ejemplo, los chicos de Solrise puedan amplificar sus melodías de reggae y cantar letras como «revolución, nosotros podemos crear un mundo mejor…»

«Ya que de la política poco podemos esperar, intentamos promover un cambio con este tipo de acciones individuales», explica Kipchoge Spencer, que se presenta como «sub-subcomandante» de un pequeño ejército de buen rollo. Una chica del grupo hace reiki en la espalda de otra, castigada por el duro recorrido de los últimos días. «Música cien por cien limpia», grita un joven por el altavoz. Curiosos se acercan, muchos en bicicleta, vehículo de una revolución agradable que, aunque no sin polémica, ya ha conquistado Barcelona en los últimos años.

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