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octubre 25, 2010 / edwin

Secretos de la montaña pelada

Los turistas nunca descansan. A diez de una mañana del sábado, horario oficial de la apertura de las puertas, el parque Güell ya recibe el primer aluvión de visitantes. Y aún es esta la que será la hora más tranquila de todo el día. O como dirá una hora más tarde la joven Daniela, guiada por su perro lazarillo por la avenida de las palmeras, donde Gaudí hizo fundirse las palmeras de verdad con las esculpidas en las piedras: «Es difícil disfrutar del parque con tanto ruido». Ella no ve, y sus sensaciones le entran por los oídos y las manos, igual que al resto de los ciegos procedentes de 20 países que pasean por el parque de la mano de la fundación Diàleg a la Fosca. Y para esos oídos, el parque Güell es una tortura.

Para intentar recuperar las viejas sensaciones, de antes de 1992, del parque en la otrora muntanya pelada me he apuntado a la salida cultural de los Amics de la Unesco, que desde hace 50 años difunde desde Barcelona los objetivos de la organización, como «el diálogo, la convivencia y el respeto para todas las culturas, religiones y lenguas del planeta». Se han apuntado otras 19 personas, aunque finalmente aparecen solo una decena de interesados en seguir a una historiadora especialista en la vida y la obra Gaudí, Tate Cabré.

Visitas guiadas siempre son buenas para descubrir qué poco sabemos de nuestra propia ciudad. Llegan esos turistas, tan mal vistos si vienen en masa, pero unos cuantos han leído guías de viaje y saben muchas más cosas de la historia, de los rincones y de las peculiaridades de Barcelona que los propios barceloneses. Cabré nos promete una visita por los rincones más secretos de esta fantasía verde de Gaudí, aunque donde más historia y anécdotas se esconden es en la parte monumental, la más visitada, la más pisada.

Relata la guía la batalla entre los que, liderados por Josep Maria Carandell, vieron en las obras del arquitecto numerosas referencias a la masonería, como letras y números en el propio parque. Las 86 columnas de la Sala Hipóstila: 8+6=14 y 1+4=5, número mágico de alquimistas y masones. A Tate Cabré le cuesta ver ese misterio masónico en un hombre tan católico como Gaudí y prefiere la parte más mitológica de que la escalinata del parque, por ejemplo, con su fuente, dragón y piedra en el trípode, es una interpretación del templo de Apolo en Delfos.

Y así, en tres horas de camino, sorteando músicos -algunos buenos, otros horrendos-, vendedores ambulantes y unos tipos que venden silbatos que imitan a los pájaros que ante tanta gente deben haber huido del parque, repasamos la historia de lo que Eusebi Güell proyectó como una ciudad jardín -como había visto en Inglaterra- con 60 parcelas triangulares, de las que solo se vendieron dos. Entre los 10 excursionistas, dos muy señoras: una de una familia que trató con Gaudí y otra que vive en la manzana de la discordia, la de la casa Batlló. Barcelona es un pueblo, y su historia, muy viva.

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