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noviembre 10, 2010 / edwin

Un yate no es un coche

El sábado, día de inauguración, fue bueno. El domingo parecía que todo el mundo se había ido a ver al Papa, y luego las motos por la tele, y después la fórmula 1, y después el Barça, porque para ser un domingo soleado la asistencia fue muy floja. El lunes, un desastre, con el día triste y amenazando lluvia. Y el martes, mientras el temporal se abate sobre casi toda España, en el puerto de Barcelona unas fantásticas nubes blancas se dibujan en un cielo azul y claro, una nitidez infinita gracias al fuerte viento que sopla. Un día que invita un poco más a pasearse por la muestra exterior del Salón Náutico. «Hoy se ha animado un poco, porque además es festivo en Madrid», me cuentan al mediodía los expositores en el Moll d’Espanya, donde durante una larga semana se mezclan el mar, el lujo y el dinero.

Dinero que, por lo de la crisis, ya no hay tanto como antes y el sector náutico es de los primeros en notarlo. «Somos un segmento totalmente prescindible. Todo el mundo necesita una casa o un coche, pero nadie necesita un barco», reconoce Jesús Hernández, director comercial de Astondoa, empresa de Alicante que en sus astilleros de Vigo ya construyó en 1916 su primer barco.

Es la de ahora la peor crisis, dice Jesús, porque es una crisis global y los yates, de suntuosos a modestos, se deben vender por todo el mundo. «La producción y ventas están a solo un 30% de antes de la crisis. Hay astilleros que han bajado su actividad en un 90%». Dice que, después de un 2008 «desastroso» y un 2009 «horrible», ahora se está remontando un poco, pero aún no se ve luz al final de un túnel oscuro e interminable.

De Astondoa es el segundo yate más caro que encuentro en los anuncios en el village del Salón Náutico, el Nassica, a la venta por 2,7 millones de euros. Solo le supera el Princesa de Troya III, un Sunseeker construido en el 2007, con 25,15 metros de eslora, 2 cajas fuertes con cierre, 5 luces halógenas, una grill-barbacoa eléctrica y muchos accesorios más por 2.990.000 euros. La más barata, una lancha Glastron de 6,90 metros por 7.900 euros. Pero sobre todo un sinfín de barcos entre 200.000 y 700.000 euros.

You are boarding the absolute wave es el lema de una de las marcas. Estamos embarcándonos en la ola absoluta. Una ola curiosa, esta de los yates más de exhibición que de navegación, porque cuanto más ostentoso el barco, más lejos las gotas saladas que te salpican en la cara. Una ola donde no todo el mundo tiene cabida: vendedores del grupo catalán Marina Estrella, con el stand más grande, trajes impecables, corbata violeta y gafas de sol espejo, me mandan a pasear, dicen que solo les interesa hablar con posibles clientes y no perder el tiempo con un simple curioso. Si quiero informarme, que mande un mail a la central, me dicen estos náufragos de la amabilidad.

Sigo admirando, pies, los más de 120 yates amarrados y en venta, donde la gente se quita los zapatos para pisarlos, y que llevan nombres como Madness y Euphoria of London, locura y euforia ausentes, por el momento, en el mundo náutico, pese a que hay ya casi 130.000 amarres en todas las costas españolas.

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