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noviembre 28, 2010 / edwin

Cuando todos van de fluorescentes

La idea era hacer más visibles a los agentes de la Guardia Urbana de Barcelona cuando hace tres años les vistieron con el nuevo uniforme, un tipo de vestimenta en auge en todo el mundo. Menos azul, más amarillo reflectante. Ya hubo quejas entonces de los policías; «cantaban» mucho, decían. Pero justo por eso se diseñó así, para que se les viera tan bien de día como de noche, con esos hombros y espaldas reluciendo como fosforitos. Y unas grandes letras, POLICÍA, palabra muy internacional, inconfundible, con ligeras variaciones como polis, police o polizei.

Y visible es, ese amarillo verdoso y chillón, que llama la atención desde decenas de metros. El problema es que ahora ya no sabes si se trata realmente de un guardia urbano, porque en los últimos años se les ha ocurrido a muchísimos más colectivos ponerse un chaleco reflectante o un uniforme que lleva parte de ese color. Los de BCNeta (ahora BCN pel Medi Ambient) ya lo llevan desde hace años y hay muchos de ellos por la calle, desde los barrenderos hasta los que recogen la basura, igual que la gente de las ambulancias, y los de Parques y Jardines.

Pero ahora parece que también en las empresas constructoras se han avenido cumplir con las leyes de seguridad laboral y ya casi no hay obrero que vaya sin chaleco reflectante por la calle. Y encima hay aficionados del Barça que llevan un chándal o camiseta fluorescente de su equipo, que la temporada pasada era el segundo equipamiento. Una mañana soleada cualquiera en lugares muy concurridos de Barcelona te dejan casi ciego tantos reflejos procedentes de todo tipo de atuendos.

Me contaron que los urbanos están sobre todo molestos porque les confunden ahora con los vigilantes del área verde, un profesional de menor rango y aún menos prestigio. Sergio, un agente barcelonés, culpa en un foro policial en internet al ayuntamiento de querer confundir al ciudadano: «Al vestir a los de la zona azul igual que nosotros, hacen creer al ciudadano que hay una mayor presencia policial en las calles cuando esto no es así. Y el ciudadano, al confundirlos con nosotros, se lleva la impresión que solo estamos para denunciarle y para nada más».

Se lo pregunto a un agente en la calle, pero él, amable, da la vuelta a la tortilla polémica: El parecido del uniforme puede ser sobre todo un problema de seguridad para estos vigilantes, porque les pueden confundir con un agente. ¿Qué pasaría si un atracador saliera de un banco, se topara con un vigilante y creyera que es un policía que va armado?

Que a los agentes se les vea a lo lejos también provoca otro daño colateral: parece que muchos más transeúntes se dirigen a ellos para preguntarles una dirección u otra cosa; un buen servicio al ciudadano, que no está mal, porque también están para eso. Pero ves a una pareja de urbanos por la plaza de Catalunya y apenas pueden avanzar cinco metros sin que algún turista les pregunte dónde está la Rambla.

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