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noviembre 28, 2010 / edwin

Metro y medio de respeto

Ridícula la frase, tantas veces pronunciada, que las bicicletas son para el verano. Tal vez en Madrid tiene cierta lógica, ahí donde Fernando Fernán Gómez situó su obra de teatro con ese título, pero aquí, al borde del Mediterráneo, carece de cualquier sentido. Es justo lo contrario: son estos días plácidos de otoño, y luego las numerosas jornadas de sol en invierno y las mañanas o tardes primaverales cuando da más gusto darse un paseo en bicicleta que durante el caluroso verano.

No será casualidad que desde hace 16 años miles de cicloturistas pedaleamos juntos tan tarde en el año, a mediados de noviembre, de Barcelona a Sitges en una festiva «pedaleada ecológica popular» que hoy vuelve a ocupar durante la mañana las maravillosas 108 curvas del Garraf, libradas durante unas horas -aunque solo en un sentido de la marcha, lamentablemente- del tráfico motorizado entre el que los ciclistas nos movemos diariamente como pequeñas moscas molestas a los que algunos conductores parecen querer triturar en su rejilla.

En el barómetro anual de la bicicleta, publicado esta semana, dos de cada tres de los ciclistas que lo practican en carretera -con diferencia los ciclistas más concienciados y respetuosos- afirman que los vehículos a motor no moderan siempre la velocidad cuando les avanzan ni respetan siempre la distancia lateral de seguridad. Muchos conductores lo hacen por ignorancia, otros por estar molestos por haberse visto un poco frenados por la presencia de ciclistas, y les apetece darles un susto.

Sobre esa distancia lateral hay un gran desconocimiento entre conductores. La ley de seguridad vial les obliga adelantar a ciclistas dejando un mínimo de metro y medio de espacio. Muchos creen que en una carretera estrecha no hay espacio para ello, pero han de saber que para adelantar a un ciclista hay permiso policial para sobrepasar un momento la línea continua e invadir el carril contrario, siempre que no venga ningún vehículo de frente, claro.

Desde hace poco, justo en las mejoradas costas del Garraf han colocado varias señalas que recuerdan esa distancia mínima. Gran iniciativa, aunque los conductores habituales en esta carretera ya están habituados a la presencia de ciclistas, que se multiplican los fines de semana. Hago, o disfruto y sufro, el recorrido de Sitges a Barcelona dos veces por semana en mi Orbea Onix y me da la sensación que con los años la comprensión de los conductores ha ido en aumento.

Pero sigue siendo raro que en un país con los mejores ciclistas profesionales del mundo, en unas tierras y clima tan aptos para el ciclismo, que aquí los frágiles y ecológicos ciclistas, sean de carretera, sean de ciudad, debamos luchar por ese respeto y justificar siempre cómo se nos ha ocurrido subirnos a una bicicleta. Hoy, saliendo a las diez del Camp Nou para llegar dos horas después a Sitges, al menos seremos muchos. Y se lo crean o no los conductores, es un pelotón de buen rollo.

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