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noviembre 28, 2010 / edwin

Zapatos a medio camino del cielo

En los últimos meses, algunos han desaparecido. Tal vez por una difícil campaña de limpieza algo complicada de los servicios municipales, con escaleras o pequeñas grúas. O quizás se deterioraron, con el tiempo, los cordones que sostenían a los zapatos a cinco, seis y hasta 10 metros de altura encima de las cabezas de transeúntes que apenas debían fijarse en ellos ni verlos, como la mujer de una tienda de la calle de Montsió, en el Gòtic. «Ah, nunca los había visto», me dice cuando le señalo un par da zapatillas deportivas colgando de un cable telefónico, casi ante los pies de la imagen de una virgen. «Será una gamberrada, que aquí de noche hay mucho jaleo», añade.

Zapatos colgando de un cable encima de la calle; los hay de todas las formas y de todos los colores en Barcelona, como en el resto del mundo. Una moda curiosa que ha ido en aumento y que ya tiene un nombre internacional: shoefiti, grafiti a base de shoes, zapatos en inglés. O sea, lo presentan como una especie de arte urbano. Pero no hay fenómeno con tantas explicaciones y denominaciones de origen que estos zapatos colgando del cielo, como si su propietario los hubiese perdido camino de otra existencia, más allá.

Hay la versión de la señora de la tienda, una simple gamberrada, chavales que fastidian a un compañero cogiéndole los zapatos, juntando los cordones con un nudo y tirándolos al aire, a ver si se quedan colgando. Puede pasar, pero no es esta la que originó esta curiosa moda.

Si el fenómeno, que es mundial, tuviese una procedencia puramente española, se le podría atribuir a una costumbre de algunos soldados cuando acababan la mili y lo celebraban colgando sus botas, literalmente, para no ponérselas nunca más. Pero el servicio militar obligatorio se abolió hace casi nueve años, y difícilmente será este el origen del shoefiti, que no ha tomado su vuelo espectacular hasta hace cinco o seis años.

Fecha que se acerca un poco más a la explicación más romántica y cinéfila. En el largometraje Big Fish de Tim Burton, el protagonista llega a un pueblo idílico donde las calles son de hierba y la gente va descalza. Todos los habitantes han colgado sus zapatos en los cables, como si quisieran decir que ellos ya nunca más se van del pueblo que tanto les gusta. También en otro filme, La cortina de humo (1997), hay una escena en la que miles de americanos lanzan sus zapatos hacia los cables para recordar a un soldado, William Zapato Viejo Schumann, que se ha quedado detrás de las líneas enemigas.

Y de ahí a una explicación más inquietante, una versión que también en Barcelona bastante gente se cree: los zapatos indicarían un punto de venta de drogas, una costumbre en algunos barrios de ciudades estadounidenses. Aunque en otros barrios colgaban los zapatos por un motivo aún más siniestro: eran las zapatillas de un miembro de una banda violenta muerto en un tiroteo o por un navajazo y que nunca más podría calzarlas.

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