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diciembre 8, 2010 / edwin

El diablo, en el día de Dios

Unas medias gruesas y brillantes en las piernas y varios puñados de lentejuelas azules sobre la cabeza. Eso es el río de plata para Fito Conesa. «Una transformación», dice. Una transformación rápida, rapidísima. En siete minutos acaba su función. «Has ido muy rápido», le dicen los espectadores, porque el artista disponía, esta noche del viernes, de un cuarto de hora para representar ese río de plata. «Lo sé, lo sé -contesta-. Es que es la primera vez en mi vida que soy un río de plata. Ha sido muy intenso. La próxima vez lo haré a lo Lady Gaga».

Es la tercera noche de la deconstrucción del pessebre vivent que han ideado en la librería Documenta del Gòtic, un acto más para celebrar su 35 aniversario. En el escaparate de la calle del Cardenal Casañas, lugar que normalmente es propiedad intelectual de Eduard Alonso, se representa durante 21 días, siguiendo el calendario de adviento, una figura del belén. Una por una, siempre a las 20.45 horas. Una deconstrucción que, al final, lleva a la construcción, un calendario con 21 fotos de performances. Se comenzó el miércoles con el niño Jesús, se siguió el jueves con el ángel -un potente foco orientado a la calle- y después del río de plata y, ayer, el musgo, hoy le toca al diablo, a quien casualmente le ha caído la actuación en el domingo que Dios descansó.

«Cada mes de este año, para celebrar nuestro aniversario, hemos querido celebrarlo con algo diferente», explica Josep Cots, copropietario de Documenta. Esta idea se le ocurrió a Melcior Casals, que se apoyó en Eva Goenaga y Jordi Ribas para desarrollarlo y buscar los artistas que, por puro placer, accedieron a deconstruir el belén. Les dejaron elegir a quienes preferían ser. «A mí me quedaban el rey Gaspart o el río; preferí el río», dice Fito Conesa.

Curiosamente, mientras Fito realiza su breve actuación, la vida continúa en la calle, entre la Rambla y la plaza del Pi, como si no pasara nada. Pasa un coche de los Mossos, transitan unos compradores, se detienen unos turistas. Unos chavales italianos, con sus padres, aumentan el número de espectadores a una docena. Una pareja de barrenderos sigue, sin inmutarse, su trabajo a los pies descalzos del artista. «Ya decía yo, ¿qué hace ese tío poniéndose medias en un escaparate?», se extraña la barrendera, tras quedarse apenas dos segundos mirando al escaparate viviente.

La librería tiene fama, su escaparate aún más. Cada día quedará alguna huella de la actuación: una luz del niño Jesús, unas letras en el cristal («ilumínate») dejadas por el ángel, unas lentejuelas en el suelo que fluyen como el río; y una foto. Al final, el día 21, estarán todos, o casi todos: reyes, pastorets, caganer, pájaros, pescadores, la estrella, mujeres, los santos, un camello y hasta la anunciación. Algunos aún menos comprensibles que otros, porque es arte. O, mejor dicho, «una creación situacionista», dice Ribas. Claro, añade Cots, «no interesa un belén montado, estático». Ese ya está algo más allá, en la plaza de Sant Jaume.

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