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diciembre 8, 2010 / edwin

El último golpe bajo a Narcís Monturiol

Lo que le faltaba. Olvidado y menospreciado en vida, le acaban de dar la puntilla, justo 125 años después de su muerte. Hace poco se le recordó en la fiesta mayor de la Sagrera, donde falleció en 1885, y por eso se me ocurrió descubrir cómo permanece aún en la memoria Narcís Monturiol. El año dedicado a sus aventuras submarinas, con exposición incluida, finalizó con una gran fiesta en el Museu Marítim a finales del pasado mes de junio. ¿De qué sirvió? ¿Aún nos acordamos de él? Para empezar el recorrido en busca de este visionario de Figueres me dirijo al mejor lugar, cerca del Aquàrium, en el acceso peatonal, camino de piedra entre praderas verdes que lleva al Maremàgmum, donde desde hace años se erige una réplica del Ictíneo II, el submarino de madera que hizo famoso al inventor ampurdanés.

Doy vueltas arriba y abajo y me desconcierto. A veces crees saber dónde se halla una cosa, pero al no verla en el lugar donde te la imaginabas comienzan las dudas. ¿Me he vuelto loco? ¿Dónde está el submarino, trasto revolucionario de 17 metros de eslora y tres de manga difícil de pasar por alto? Se lo pregunto a una mujer en un quiosco de chuches y no sabe nada de ningún submarino. Se lo pregunto a la joven de los caballitos enfrente del cine Imax y me dice que sí, que ahí arriba debe estar. Pero paso la pequeña colina artificial y llego casi a la Barceloneta sin verlo. «Sí, está ahí arriba, de donde usted acaba de venir», me insiste un vendedor de crèpes. ¿Estoy ciego?

Al final me saca de dudas Héctor Barril, amable guardián del aparcamiento de autocares y coches del Maremàgnum y que desde su minúscula cabina siempre ha podido ver al Ictíneo, en la plaza que lleva el mismo nombre, justo antes de llegar al paseo de Icària y la plaza de la Odissea, dos nombres también muy relacionados con un Monturiol utópico. «Se lo llevaron la semana pasada, estaba muy dejado ya», explica Héctor, que desde su puesto de vigilancia ha podido ver cómo el pobre submarino ha ido deteriorándose justo en el año en que Barcelona recordaba su inventor. «Empezó con el partido que el Barça jugó contra el Inter de Milán. El ayuntamiento montó aquí la fiesta de los italianos y ellos comenzaron a dañar el submarino». Eso fue en primavera y, aparentemente, al ver el estado deplorable del ingenio, apoyado solo en cuatro finas patas de hierro, otros se cebaron aún más con el legado de Monturiol. Fue víctima de pintadas, golpes y otros destrozos hasta que alguien decidió sacarlo de la vía pública. «Espero que sea para renovarlo y volver a ponerlo en su lugar», añade el vigilante.

Si no, la réplica acabará como sus predecesores auténticos. El Ictíneo I, botado en 1859 -de ahí el año Monturiol que comenzó en el 2009, 150 años después- sufrió un accidente en un puerto. Su sucesor fue embargado, subastado y desballestado. Ambos acabaron como chatarra, dejando invisible el legado de Narcís Monturiol. Pobre.

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