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diciembre 8, 2010 / edwin

Vecinos de un coloso del fútbol

Lástima del antiguo Highbury. Ir ahí, al histórico campo del Arsenal, era como un peregrinaje por un barrio obrero del norte de Londres, con sus modestas casas casi tocando los muros exteriores del estadio de fútbol y los pubs a apenas 50 metros de la entrada del coliseo. Ahí, el fútbol era del pueblo. Pero lo tiraron y construyeron un nuevo campo con el nombre de un patrocinador en un amplio descampado alejado de las viviendas. La moda en muchas ciudades europeas es llevar los grandes estadios a las afueras, como hizo el Espanyol, por ejemplo, vendiendo su Sarrià para ir, vía Montjuïc, a Cornellà y El Prat.

No así el Barça. No hay ni planes, de momento, pese al enorme espacio que ocupan sus instalaciones en Les Corts. Bueno, está el culebrón del Miniestadi y los campos adyacentes, que si recalificar o no, que poner ahí pisos o zona verde o comercios, pero pase lo que pase, el perfil del Camp Nou seguirá dominando la zona.

Para algunos vecinos, no es agradable vivir al lado de un campo de fútbol, aunque poca razón tienen para quejarse: la gran mayoría de los bloques de viviendas que colindan con las instalaciones del Barça son de una fecha de construcción posterior a la del estadio, que se inauguró en 1957. O sea, el que se fue a vivir ahí ya sabía lo que había.

«A mí me gusta. Soy culé y los días de partido, que tampoco son tantos, el estadio da ambiente», dice Carles Gomà, que vive en unos coloridos pisos de protección oficial construidos hace siete años justo enfrente del campo. Y mientras saca a sus perros Scott y Ona recuerda el rugir que sale del coloso cuando el Barça marca un gol. O cinco, como el lunes, cuando ese rugido se incrementa y se expande por todo el barrio, contagiando a todo el vecindario del éxtasis de casi 100.000 personas.

Pero no todos los vecinos son «nuevos» como él. Quedan, en este rincón de Les Corts tocando con Sants y L’Hospitalet, algunas reliquias del pasado, como dos bellos edificios de 1928 en la calle de Arizala y las pequeñas casitas, 15 años aún más viejas, de la antigua cooperativa El Bienestar Obrero en la preciosa calle de Comte de Güell.

«Es un barrio bonito, tranquilo», dice la joven Rut, que ha colocado delante de su peluquería New Order, con vistas al Camp Nou, un maniquí con una bufanda del Barça. «En un partido como el del Madrid apenas hay follón. Es más cuando vienen equipos de Alemania o Inglaterra con sus aficionados».

Cuando desde su puerta levanta la vista, puede leer un curioso escrito en una medianera, con las frases colocadas de tal manera que parecen dos brazos y un balón. Es una dedicatoria del periodista Carles Sindreu al portero del Barça Franz Platko, ídolo en los años 20: Amb el llavi esquinçat, l’ironia, ara un home ha blocat. Les Corts, en algunos rincones, respira fútbol, incluso los días lluviosos en que el Barça no juega.

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