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diciembre 17, 2010 / edwin

Son magos, pero sin conejos

Cuando le quiero hacer una foto a Esmeralda Rodríguez en pleno ejercicio de quirología, que viene del griego quiros (manos) y logos (ciencia), la señora a quien pertenecen las manos en estudio pide que ella no salga reconocible. «Es que si me ve mi marido en el periódico…» suplica. Como si hiciera algo prohibido. A lo mejor el esposo ni siquiera sabe que ella se ha acercado a la feria Màgic, cuyo nombre engaña un poco porque aquí no hay magos tradicionales con sus conejos en la chistera sino otros, más de moda, con sus cartas de tarot, su energía de equilibrio, sus delfines de masaje, sus terapias holísticas, su liberación del pericardio, su escuela de la sencillez, sus cremas de aloe vera y sus nuevas constelaciones familiares.

Un mundo curioso, el esotérico, que atrae, y mucho. El año pasado, en el 25º aniversario de la feria, hubo 50.325 visitantes en Montjuïc ansiosos de abandonar por unas horas el ruido mundano y entrar, entre humo de incienso y música de relajación, en esa otra dimensión desconocida donde, vista la cantidad y variedad de productos ofrecidos, es difícil no perderse.

«Disfruto mucho. Ojalá hubiera una feria así cada semana, no me perdería ninguna», me dice Carmen, que acaba de pagar 20 euros por una lectura de tarot y 30 por un retrato de su guía espiritual, que suele ser un familiar fallecido. «Debe ser mi abuela -dice-. Hace dos años también pedí un retrato y ha salido casi idéntico». Y además de dibujar ese guía invisible, esperándonos en el más allá, Sergio Gozzi transmite también algún mensaje. «Son guías buenos -según él- que ofrecen alguna orientación espiritual», ya que desde su «posición más elevada» vislumbran mejor nuestros problemas y soluciones.

La quiróloga Esmeralda me explica que lo típico que hacemos los ignorantes con las manos, ver a dónde llega la línea de vida para saber si viviremos mucho o poco, no es lo correcto. «También están la línea de la mente y la del corazón, que es la más importante. Y les cruza la línea del destino». Y tenemos más, muchas más líneas. No hay mucha gente que las lee e interpreta, en la feria. Un hombre lo hace con un aparato eléctrico. «El tarot es mucho más popular», dice Esmeralda.

Y se nota. Abundan las lectoras -no es cosa de hombres- de manos, unas tan normales y discretas como la vecina de arriba, otras con la parafernalia de las videntes; unas televisivas, otras de esos números 806 o 902. «Por cada cinco mujeres hay un solo hombre», dicen Lola e Isabel, más vecinas que videntes. «Debe ser porque creen que es cosa de brujas».

No veo apenas brujas. Chicas y chicos normales que me invitan a descubrir la magia de un maestro, a leer un libro sobre dianética (el poder del pensamiento sobre el cuerpo), a realizar un taller de Navidad con ángeles y a escuchar música para sumergirse dentro del ser. Cuando vuelvo a salir a la calle, una agradable brisa me refresca la mente.

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