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diciembre 20, 2010 / edwin

La belleza de una fachada absurda

El 6 de noviembre de 1930, el escritor Manuel Brunet se cebó en el semanario Mirador con un edificio que un año antes se había levantado en el Eixample. Ya dejó claro su punto de vista en la primera frase: «Hacía años que no se había producido en Barcelona un escándalo de tanta magnitud como el que ha surgido en la calle Muntaner, 54, esquina con Consell de Cent». ¿Qué escándalo? Abundan las palabras despectivas en un largo artículo: una farsa, un aborto del arte de la construcción, decididamente ridículo, un propietario con mal gusto, un récord en el museo de los horrores… Para Brunet, la fachada era «de un estilo mucho más absurdo que el modernismo de hace 25 años».

Para algunos es kitsch, para otros un pastel. A mí, siempre me ha gustado. Detenido ante el semáforo de dicho cruce, casi cada día me llama la atención, sobre todo cuando estos días le cae encima la luz cálida del sol de la tarde. Y me decido, por fin, a indagar en su origen y autoría. Siempre hay alguna memoria aún viva para ayudar, como la de Montserrat Monsó, que a sus 84 años aún atiende en la concurrida y conocida tienda de iluminación Monsó i Benet, que fundó su padre, Vicente, en los años 20. «Primero vivíamos enfrente, pero cuando se terminó este edificio, nos mudamos aquí y mi padre abrió la tienda, mucho más pequeña que ahora, en los bajos, al lado de una pescadería», recuerda.

Montse guarda un correo electrónico de Ascensión Palacios, sobrina de los tres hermanos Joan (el arquitecto), Fernando (el director) y Salvador (el jefe de obras) Guardiola Martínez que proyectaron y construyeron la que se conoce como la Casa China. La familia, originaria de Sueca (Valencia), se había trasladado a Barcelona para que Joan pudiese estudiar arquitectura. Antoni Gaudí fue uno de sus profesores, aunque en la Casa China poco queda de la influencia modernista. «De estilo art decó es un escaso ejemplo de este arte exótico en la ciudad de Barcelona», escribe Ascensión, para quien la constante en la carrera de Joan Guardiola es «el estudio del detalle, la exageración de las formas, el gusto por el color». Un color extraño en Barcelona, ese amarillo que los vecinos, de vez en cuando, hacen repintar, aunque las dos comunidades, de Muntaner 54 y Consell de Cent 236, no suelen ponerse de acuerdo sobre la fecha idónea. Primero pintan unos, luego los otros, y alguna vez han contado con ayuda de Barcelona posa’t guapa, campaña que la semana pasada celebró su 25º aniversario con 27.000 fincas rehabilitadas.

En la Casa China, donde Ventura Pons grabó escenas de su película Morir o no y que tiene parecido con la Casa Judía que Guardiola proyectó en Valencia, el arquitecto quiso incluir muchos elementos de sus múltiples viajes por el mundo, como las columnas jónicas en los bajos, las formas árabes en la parte superior y los elementos orientales repartidos por toda la fachada. Un pastel que deleita a unos y otros aborrecen.

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