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enero 9, 2011 / edwin

Dos manzanas de juguetes, solo

Juguetes. Solo juguetes. Y golosinas. Y churros, por supuesto, para calentar el estómago en una fresca noche de invierno. Hubo una época, no tan lejana, en que solo eso era la Fira de Sant Tomàs i Reis de la Gran Via. Sobre todo juguetes. «A cualquier hora,» me explica una vendedora que lleva ya 50 años cada Navidad con sus juguetes aquí. «Acababan a las tantas de la noche los cabarets del Paral·lel y entonces venían hasta aquí no solo los espectadores, sino también los artistas con sus chaquetas de cuero y sus carteras llenas para comprar juguetes. Hasta las cinco de la madrugada había ambiente».

Hacia las cinco de la tarde de un lunes de enero no hay ambiente, y eso que faltan ya muy pocas horas hasta el día de Reyes. Y llama la atención la ausencia de juguetes. Bueno, los hay, pero ya son minoría en esta feria histórica, 59 años ocupando los paseos laterales de la Gran Via, ahora de Muntaner a Rocafort. Pero solo en las primeras dos manzanas y media se encuentran las más tradicionales: de los casi 300 puestos, una veintena vende juguetes, seis más juegos o videojuegos y solo seis están especializados en muñecos y peluches. Hay otros nueve vendedores de golosinas y 11 churrerías.

«Es cada vez más difícil sacar algo de dinero, la gente compra los juguetes en otros sitios», se lamenta la veterana vendedora, que no quiere que se publique su nombre porque está muy molesta. Dice que la mayoría de feriantes de juguetes han abandonado por los precios que deben pagar, «un robo a mano armada». Por sus 12 metros de estand durante 15 días paga 6.000 euros: 2.000 al ayuntamiento, 2.500 a la empresa de Valencia que le coloca el puesto, 1.000 para la luz, y el resto para la vigilancia y otros costes.

Ella, como todos los demás, espera la mágica noche de mañana, cuando se hace la mayoría de las ventas, hasta un 60% de todas esas dos semanas que han permanecido abiertos. También juguetes, pero menos: hay 44 puestos de ropa y complementos, 27 de bisutería, casi 50 de artesanía y 48 con todo tipo de productos variados, aunque pocos para niños: manteles antimanchas, sal del Himalaya, perfumes, brujas (una roja para el amor, una amarilla para la protección, entre otras), muchas imágenes de Buda impregnadas por el olor de incienso y en un puesto venden desde bonsáis hasta camisetas de metal rock. «Es que somos dos puestos en uno», me justifican la curiosa combinación.

«Cada año, los juguetes ocupan menos espacio», asiente Antonio Fontaner, que llega ya desde hace muchos años desde su tienda en Eivissa, isla desértica en estas fechas, para vender sus collares y pendientes. «Antes, el ayuntamiento no nos quería a los ambulantes y los artesanos. Ahora somos los que mantenemos el espíritu de la feria».

Un espíritu de crisis, por supuesto, también aquí. Y de cierta nostalgia, de que antes todo fue mejor. A la espera de mañana, la noche mágica, la de cierta salvación.

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One Comment

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  1. Le poinçonneur / Ene 11 2011 2:04 am

    Lo que hace la ignorancia. Hubiera jurado que esas tropecientas paradas eran todas de juguetes y resulta que es casi lo contrario.

    Hace ya años trabajé en una tienda de juguetes del centro y puedo dar fe que la noche de Reyes ya no es lo que era: las compras se adelantan y ya poca gente lo deja para última hora.

    Por no hablar del daño que ha hecho el gordo del traje rojo…

    Feliz Año, Edwin.

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