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enero 17, 2011 / edwin

Donde la ilusión gana al carbón

Qué sería de los padres sin el carbón? Muchos niños ni se dan cuenta, cuando entran en el pabellón de Alfons XIII en la ladera de Montjuïc, justo al lado de las polémicas cuatro columnas de Puig i Cadafalch recuperadas hace tres meses. Asombrados por las carrozas, por unos títeres gigantes que tocan música, por los pajes alegremente distribuidos por el pabellón y por las pilas de regalos en tres furgonetas muy hippies, los pequeños apenas se fijan en el trenecito rojo con matrícula antigua de Bilbao que tira de varios vagones repletos de carbón. Son siempre los padres quienes les alertan de su presencia, de que no todo es oro que reluce ante los ojos ilusionados, sino que les quedan poquitas horas para mejorar su comportamiento porque si no…

«Todo el tren de carbón es para ti solo, con lo malo que eres», le dice el padre a un niño de apenas 3 años. Y así una y otra vez. Una amable paje que se encuentra al lado no hace otra cosa, a lo largo de las horas, que corregir a los padres y alegrar a los niños. «No, el carbón no es para vosotros, que sois muy buenos…»

El carbón, azote negro en manos de los padres, aunque tampoco tan dañino como la amenaza que esgrimen ante los niños en Holanda cuando estos esperan recibir sus regalos cada 5 de diciembre de manos del obispo español San Nicolás; a los «malos», en ese caso, se los llevará un paje, Pedro Negro, en un saco de vuelta a España. ¡A España! ¡Terrible! Es la pesadilla de los inocentes niños holandeses.

En Montjuïc, en el pabellón de Alfons XIII, los pequeños de aquí dejan rápidamente atrás el carbón para mirar de cerca lo que esta noche, durante la cabalgata, solo podrán ver desde más lejos, a hombros de esos sufridos padres que, finalmente, se olvidarán del carbón. La jornada de puertas abiertas de los Reyes -aunque ellos no están, solo sus carrozas y el resto de vehículos- sirve para destapar un poco lo que será la noche más mágica. «Ilusión», suena de la nueva blanca carroza de La hora de irse a dormir, con un inmenso reloj. «Ilusión, dejad los zapatos e iros a la cama, que los Reyes vienen después de medianoche», el estribillo de una canción compuesta por el músico Manuel Pagán.

«¿Crees que ha llegado mi carta?» pregunta una niña a su madre mientras observa la preciosa oficina móvil del cartero real, donde a dos pajes les entra algo de vértigo a la hora de sentarse en unas pequeñas sillas suspendidas a tres metros del suelo. Hay muchas preguntas de los niños, y ante las más comprometidas siempre existe la salvadora respuesta paternal: «Es que los reyes son muy mágicos». Ningún niño listo pregunta por el aspecto de los tres camellos articulados que, al tener solo una joroba, en realidad serían dromedarios, según explican siempre en el cole.

 No es este, el país de la cabalgata, un país para muchas preguntas incómodas, ni para el cinismo. Ni siquiera para la crisis. Es el país de la ilusión, más que del carbón.

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