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enero 24, 2011 / edwin

Chocolate en honor del santo

Aapenas 100 metros de la catedral de Barcelona, camino del Portal de l’Àngel, un centenar de jóvenes se han quedado, poco antes de las nueve de la mañana, en calzoncillos y poca cosa más para conseguir en una tienda una prenda gratis al inicio de las rebajas. Dentro de la catedral, y a la misma hora, unos 150 fieles se desnudan, aunque solo espiritualmente, ante san Ramon de Penyafort. Es la paradoja y a la vez la coincidencia de la ciudad y sociedad moderna, el despelote del consumismo en plena crisis y la profesión de la fe en una Iglesia que no anda mucho más sobrada que la economía, con un mínimo histórico del 73% de los españoles que se declaran católicos, aunque solo el 13% acude casi cada domingo y festivo a misa.

La de san Ramon es una de las capillas más populares de la catedral, y no solo porque es el patrono de los abogados, estudiantes de Derecho y cualquiera que imparte o trabaja en la justicia, como la nueva consellera Pilar Fernández Bozal, abogada colegiada que se estrena públicamente en el cargo acudiendo a la misa de su santo protector. San Ramon, canónigo y monje dominicano, también debe su popularidad a su procedencia, ya que es muy «de aquí», nacido en 1180 en el castillo de Penyafort, que ahora está en el término municipal de Santa Margarida i els Monjos (Alt Penedès).

El transcurso previsible y monótono de una misa, del padrenuestro hasta la paz del Señor, pasando por la lectura de la segunda carta de San Pablo, solo es animado por la glosa del santo a cargo del padre Jaume Boada, que destaca un aspecto muy actual de Ramon de Penyafort: «Estudió árabe y leyó el Corán. Siempre promovió el diálogo y la convivencia con el mundo musulmán». Y lo mismo hace esta mañana Boada, ante un auditorio, en sillas plegables, de abogados y juristas, pero también señoras mayores que no se pierden ni una misa, sobre todo cuando la eucaristía la ofician una docena de los pesos pesados de la catedral.

Y aunque san Ramon aún no está en Facebook, sí tiene un grupo de amigos, que hace casi un siglo se juntaron en una asociación de amigos y devotos y que, entre otras cosas, coordinan los actos en la festividad del 7 de enero. «Somos gente con ganas de rememorar el santo y, sobre todo, sus mensajes sobre la justicia y el derecho», me explica su presidente, Xavier Puigdollers, antes de dar cuenta de la chocolatada que se ha organizado en el claustro de la catedral, todo en honor de aquel hombre que vivió 95 largos años y que, según cuentan, hizo la travesía de Mallorca a Barcelona sobre su capa, un atuendo, dicen también, que siempre logró calmar las mares cuando se depositaba sobre las olas.

Fue Ramon de Penyafort, al que no beatificaron hasta el año 1601, un hombre justo y sabio. «Decía que el derecho no es algo que ahoga, sino que guía», cuenta el padre Boada. No sé si todos los abogados, juristas y jueces presentes le escucharon decir esas palabras sabias.

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