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enero 24, 2011 / edwin

El mundo feliz de los niños post-Cobi

En la calle de Provença, a la altura de la Pedrera, los obreros están en plena retirada tras instalar con mucho ruido y polvo pantallas especiales para proteger a la Casa Milà del inminente paso de la tuneladora del AVE. Dentro, en la planta noble de la casa gaudiniana, milagrosamente no se escuchan las embestidas de los últimos taladros que machacan el asfalto. Será porque predomina el jolgorio infantil, casi una veintena de chavales, la mayoría menores de 10 años, que se divierten con los dibujos y las obras de Javier Mariscal.

Lo dice el arquitecto Juli Capella en un panel a mitad de la exposición dedicada al diseñador valenciano: «Su obra destila ingenuidad, optimismo, frescura y bondad. No hay jamás sangre, ni sexo, ni gore. No aparecen monstruos, ni malos de película. No hay nada feo ni ofensivo. Toda su obra es apta para menores, y sin embargo tan perversa…».

Dejando aparte esa supuesta perversidad que no todo el mundo logra descubrir, no es mala idea invitar a los niños a una muestra como esta, aunque hasta los más pequeños sí ven cosas feas. «Es muy feo», dice una niña cuando señala una pequeña figura de Cobi, imagen que la pequeña Valèria confunde con el propio artista que creó la mascota olímpica. «Es Mariscal», dice ella.

Cada sábado, la Obra Social de Catalunya Caixa organiza en la Pedrera la actividad El Señor Mundo, hombrecito con cara de globo terráqueo, que se inicia con una visita a la antológica sobre Mariscal y acaba con un taller en el que los niños hacen su propio cartel con un señor mundo enfadado, triste o alegre, según la frase del artista que escojan. De la veintena de chavales de este sábado, cuatro optan por «un mundo muy feliz ya» y otros tres por «tus malos humos me están destrozando», aunque a Montse Orozco y Maria Sellarès, las monitoras, les gusta una más larga: «Por la mañana en el desayuno te traigo el sol, al anochecer te pongo la luna en tu ventana».

Cada sábado, el éxito de El Señor Mundo es total y se alcanza rápidamente el máximo de 25 inscritos. Queda un sábado, solo, y ya está completo. «Es una exposición que tiene mucho éxito entre los niños, pero también entre los adolescentes cuando vienen con su instituto», me dicen las monitoras. Será por los colores, por los dibujos, por la fantasía, ya que estos niños son de una generación post-Cobi, no conocían de primera mano al perrito que lanzó a la fama a Mariscal. «¿Qué color es alegre?», se les pregunta. «¡Verde! ¡Rojo!» Y el gris es triste; y el blanco y azul, fríos; y el amarillo y naranja, calurosos. Hablan, descubren y hasta reflexionan. Buen ejercicio para un sábado por la tarde.

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