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enero 24, 2011 / edwin

Gran tarde para artistas caseros

En una vitrina en el salón principal del Reial Cercle Artístic se expone el Manifiesto Negro del Grupo Lais, documento firmado en el año 1949 y en el que los nueve artistas firmantes sientan las bases de sus convicciones. Un papel que concluye con varias condenas. Así, los pintores Surós, Estradera, Planasdurá y demás condenan, entre otros, «el amaneramiento y las escuelas de habilidad; el paisaje falsamente copiado y las escenas de género; la actitud mansa y vencida ante el mundo de los sentidos y la perniciosa influencia de cierta crítica desorientada». Se oponían al arte oficial del franquismo y defendían la inspiración del Mediterráneo.

No sé si todos los socios del Reial Cercle Artístic se toman todavía a pecho estos consejos y condenas -total, el grupo solo duró dos años-, pero en la exposición de sus obras se encuentra absolutamente de todo, incluido ese «paisaje falsamente copiado», aunque ¿qué es falso en el arte? Encarnación Casero me enseña sus dos mujeres mirando al mar, pero no recuerda en qué pueblo pesquero se inspiró. Ella tiene ya más de 80 años, es de las más veteranas de los 500 socios del círculo y dice que pinta sencillo. No gana.

Se celebra, esta tarde del martes, uno de los principales actos del Cercle, que este año cumple además 130 años. En el monumental palacio Pignatelli, un edificio entre el Portal de l’Àngel y la plaza de la Catedral que muchos solo conocen porque fuera hay un letrero que anuncia una exposición de Dalí en los bajos, un sabio jurado de cinco miembros, entre ellos la exdirectora del Museu Picasso Rosa Maria Subirana, elige las mejores obras entre las 121 presentadas al concurso. Bueno, «no son las mejores, sino las más significantes» me corrige el crítico Josep Maria Cadena, también del jurado. «Las obras presentadas son tan variopintas- añade el director de la institución, Josep Félix Bentz- que es difícil compararlas, entre cuadros, grabados, esculturas, etcétera…»

O sea, en la comparación de peras con manzanas hay que escoger algo, y el jurado opta por donde encuentra más sentimiento, dice. Los tres ganadores, que se llevan el honor, las palmas de otros socios y de 1.200 a 300 euros, no se encuentran entre los que optaron por un bodegón (unos 25, 11 de ellos jarros con flores), por un retrato (más de 30, 14 de una mujer semidesnuda), por paisajes urbanos (la Rambla en Navidad, la Sagrada Família, la plaza Reial), por gente africana o por largas vistas al mar, aunque el tercer premio, una acuarela de Domingo Benito, uno de los socios más antiguos, refleja un puerto en la costa.

Entre mucho clasicismo, seguramente procedente de los talleres diarios en el Cercle -los hay con modelos, aunque algunos posan solo cinco minutos, y está el de los bodegones, «el más anárquico», me dicen- gana una obra más abstracta, un cuadro de papel de Alberto Timón, que tiene historia. «Vi el catálogo y me habían puesto como título Ese día gris. Me enfadé, porque se llama Aquel maldito día gris.» Lo corrigieron, y ganó, en un día que fue soleado.

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