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enero 24, 2011 / edwin

‘Ocellets’ nunca, siempre pajaritos

En la parte del parque más cercana al ambulatorio, donde hay una ambulancia en la puerta, se han colocado cinco aparatos de ejercicios muy sencillos. El más curioso es el que se llama escalera de dedos, aparentemente para favorecer la agilidad digital. Está a una altura baja, pero una placa de avisos, más grande que el propio artilugio, dice que es para adultos. Lo bueno viene abajo, y asusta: «Utilizar con moderación bajo la supervisión de su médico o fisioterapeuta». Como no le he dicho nada a mi médico, no me atrevo colocar mis dedos en las ranuras para ir escalando. Y miro al niño que, temerario, le está dando vueltas a otro aparato, la maneta rotativa.

Será para que el Ayuntamiento de L’Hospitalet de Llobregat se cure en salud el día que a alguien le dé un infarto escalando con sus dedos. Cosas de estos tiempos, de denuncias millonarias de ciudadanos por cualquier tropiezo. Los vecinos se ríen de los avisos. Para ello, dicen, podrían haber puesto también señales de alerta en los nuevos bancos de piedra blanca y gris, que tienen unos extremos muy punzantes, peligrosos para cualquier niño que se cae.

Y hay muchos niños en el flamante parque de los Ocellets, poco después de las cinco de la tarde, cuando acaban de salir de los colegios. Niños de pie, niños en los columpios y niños que se caen. «Ya falta espacio, con tanto niño. Además, antes había dos espacios infantiles, uno para los más pequeños, otro para más grandes. Ahora están todos juntos», me explica Pedro Utrera, que tiene unas cuantas quejas más. Igual que María y Manolo de los talleres Brasil -que se llaman así porque antes, hace 40 años ya, había allí con el mismo nombre una whiskería con señoritas que servían copas y más cosas-, que creen que el dinero, más de un millón de euros, para la llamativa transformación del parque se podría haber aprovechado para cosas más importantes. «Y encima se han ido las cotorras que daban tanta alegría», dice ella.

Pero los pajaritos, muy abandonados en los últimos años, necesitaban un lifting. Oficialmente, se llama el parque los Ocellets, pero aquí, en la frontera de La Florida con Collblanc y La Torrassa, siempre ha sido el de los Pajaritos, en castellano. Solo hay que ver la historia demográfica -La Florida, con 77.500 habitantes por kilómetro cuadrado, es con diferencia el más densamente poblado de España-, para entender la ausencia del catalán: en 1971, la mitad de su población era nacida en Andalucía, y otra cuarta parte en otras comunidades de España. Ahora, en La Florida vive más gente nacida en el extranjero (10.955), la mayoría de Suramérica, que en Catalunya (9.800). Los bares de los Carmona y Custodio han sido sustituidos por el locutorio Quito y la carnicería Rif. En 1997, solo vivían 50 ecuatorianos en todo L’Hospitalet, ahora son 14.000. Y los bolivianos han pasado de 21 a 10.500. Así que el parque de los Ocellets sigue siendo el de los Pajaritos, solo que se pronuncia diferente.

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