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enero 24, 2011 / edwin

Tras los pasos del poeta proletario

Ciegos solemos ir por nuestra propia ciudad. ¿Cuántos barceloneses se habrán girado y levantado la vista en la calle de Argenteria, bajando a la derecha, donde entre los números 64 y 66, unos metros encima de la antigua taza en la fachada de Cafés el Magnífico, de 1919, se halla una placa dedicada a Joan Salvat-Papasseit, «de mare gitana, d’obrera estirp, i de lleial nació: de dignitat poeta»? Aquí, en un piso viejo y frío, murió el jovencísimo poeta, tras haber pasado por un sinfín de sanatorios con la tuberculosis que finalmente le mató, con tan solo 30 años. No a muchos metros de ahí, pocos se habrán fijado en sus hormigas en una medianera del paseo del Born, que están medio tapadas por una aparatosa obra de la zona: «Camí del sol, per les rutes amigues, unes formigues». ¿Y quién se habrá detenido alguna vez para ver quién es ese señor que, a solo 100 metros de Colón, también mira al mar desde su estatua en el Moll de la Fusta? «Joan Salvat-Papasseit, 1894-1924». Y en la parte trasera, el poema Nocturn per a acordió.

Nació el futuro poeta en la calle de Urgell, pero fue aquí, en el puerto, en el Born y en la Barceloneta, en el ya inexistente número 11 de la calle de Giné i Partagàs, a la sombra de La Maquinista, donde Salvat-Papasseit desarrolló buena parte de su vida. Y es por aquí donde este sábado (igual que luego uno en febrero y otro en marzo) transcurre la ruta literaria dedicada al poeta que parte del Arts Santa Mònica, donde hasta abril le dedican una exposición.

«Teníamos claro que queríamos sacar la exposición también a la calle. Ya colocamos una alfombra en la Gran Via, delante de las antiguas Galerías Laietanas», explica Oriol Izquierdo, director de la Institució de les Lletres Catalanes, que organiza la ruta. Fue en esas galerías donde el poeta y su hermano se encargaron de la librería, por recomendación de Eugeni d’Ors, que le veía vigilando madera en el puerto y creía que un talento tan intelectual como obrero se merecía un trabajo mejor.

Todo eso lo cuenta la guía Marga Arnedo de ConéixerBCN, especialista en este tipo de rutas alternativas por nuestra propia ciudad. Y le escuchan con atención una treintena de excursionistas que se han apuntado al paseo matinal; tan elevada era la demanda que algunos se han quedado incluso fuera, porque ir con más de 30 por las callejuelas de la Ribera y la Barceloneta es un estorbo. «Suelo poner como límite 25, sobre todo en un paseo así, que es muy denso», dice Arnedo.

Invita a sus excursionistas a recitar algunos poemas en cada lugar. El propio Izquierdo se encarga del Tot l’enyor de demà cerca de la casa en donde murió, una preciosa reflexión sobre la vida y la muerte. Una lectura que acaba con aplausos a la sombra de Santa Maria del Mar y ante la extrañeza de otros transeúntes.

Solo 30 años vivió Joan Salvat-Papasseit, pero el poeta de la clase proletaria dejó sus huellas por la ciudad, aunque algunas, como el Asilo Naval, desaparecieron ya.

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