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enero 27, 2011 / edwin

Peregrinaje hacia los 94 teraflops

En nada, absolutamente nada, el entorno aparenta ser de un lugar tan beta, tan duro, un sitio donde hablan de cosas que se llaman teraflops y de las que la gran mayoría de los mortales no tenemos ni idea. Para llegar, en pleno barrio de Pedralbes, cruzo primero la parte más ancha y antigua de la calle de Jordi Girona -un militar que participó en la insurrección de 1936; es este, al lado del cuartel de Bruc, un barrio de calles militares- donde desde hace unos años ya no pueden aparcar coches. Paso una puerta y me adentro en unos tranquilos jardines con mucha sombra, hasta toparme con la entrada acristalada de la que antes era la parte posterior de una iglesia. Por dentro, se mantiene toda la estructura y solemnidad del templo, que en 1976 pasó a formar parte del campus de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), e incluso han puesto por megafonía las voces de curas o monjes cantando.

Pero cuando se apaga la música, surge del coro de la iglesia el sonido de cientos de procesadores, de aparatos de refrigeración también, y tras los cristales emergen los armarios que albergan a Mare Nostrum, la que nació hace cinco años como la cuarta supercomputadora más potente del mundo. Y como el inmenso artilugio, que para decirlo sencillo sería como 2.560 PC’s caseros conectados entre sí por 60 kilómetros de cables de fibra óptica, cumple cinco años, el Barcelona Supercomputing Center (BSC) tiene hasta el viernes sus puertas abiertas para visitarlo.

Me ha tocado la visita junto a 10 estudiantes de la Facultad de Informática, y por eso se alarga un poco más de lo habitual, ya que el guía Oriol Riu aprovecha la ocasión para entrar más en detalle con tanta gente entendida, aunque para un analfabeta informático es, por eso, un poco más difícil de entender. Aunque Riu viene con un símil más popular para explicar qué significó el Mare Nostrum para España: «De jugar en una liga nacional, pasamos a disputar la Champions».

Pero, cosas de la tecnología, ahora esa Champions se ha alejado de nuevo. Si el humano a los cinco años entra en Primaria, un ordenador ya debe jubilarse. De cuarto y quinto del mundo, con su capacidad de 94 teraflops -que son 94 billones de cálculos por segundo-, el Mare Nostrum ha pasado a ocupar en el último Top 500 el puesto 118. El actual número uno, Tianhe-1A de China, tiene una capacidad ya 50 veces mayor y opera a 4.700 teraflops, o, mejor dicho, 4,7 petaflops.

«Ya no podemos actualizarlo, hay que cambiar la máquina por completo para volver a estar en el top 10», dice Riu. Pero la crisis también se ha cebado con la investigación, y desde el 2006 ya no se ha ido mejorando al Mare Nostrum. Pero mientras, sus 2.560 placas siguen pensando y calculando a petición de, entre otros, unos 150 investigadores. Un trabajo duro, también para una máquina, un procesador: el aire entra por la frontal a 18 grados centígrados, y sale por detrás a 37º.

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