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enero 29, 2011 / edwin

Goethe ya tiene la luz que pedía

Las famosas últimas palabras que dijo Johann Wolfgang von Goethe poco antes de morir el 22 de marzo de 1832 en Weimar fueron «¡Luz, más luz!» O eso, al menos, contó su médico, Carl Vogel, que sin embargo no estuvo presente en el momento de la defunción. Pero, historia verídica o no, desde hace ya casi 180 años esa luz al final del túnel de su vida va ligada a la muerte del poeta alemán. «¡Mehr Licht!» Pues, ¿quieres luz? ¡toma luz!, deben haber pensado los responsables del Goethe Institut de Barcelona, baluarte de la cultura alemana en la izquierda del Eixample, cerca de los jardines de los Tres Tombs en la calle de Manso.

Un edifico cuyo vestíbulo se ilumna desde esta semana con una luz curiosa, más visible al anochecer aunque en un día gris como el de ayer también llama la atención antes de las siete de la tarde. Hay bastantes transeúntes que se quedan fuera, mirando por los grandes ventanales el extraño espectáculo, aunque no se atreven a entrar. Y la gracia del invento es eso, entrar. Es gratis. En el centro cuelga un micrófono del techo que capta todos los sonidos en la sala y los transmite a los proyectores. Ya solo con abrir y cerrar la puerta, las paredes comienzan a bailar, a desdibujarse, a jugar con el intruso, que queda atrapado en la magia de líneas y círculos.

La cosa se llama videomapping, un juego artístico con paredes o fachadas que inocentemente hace tambalear los cimientos de los edificios, que comienzan a moverse al ritmo de los sonidos del entorno. Sebastian Neitsch es el artista responsable de la proyección en el Goethe Institut, que, según comentaba esta semana, se inspira en el arte minimalista de los años 60 y 70 y no busca la espectacularidad.

Un hombre atraviesa el vestíbulo sin detenerse siquiera en las luces movedizas que acompañan sus pasos. Ya está acostumbrado, después de dos días. Es Ramo Bellmann, que trabaja en la biblioteca del instituto alemán, que en su fachada proclama Deutsch lernen, Kultur erleben: aprender alemán, experimentar cultura. Me explica que hay mucho interés de la gente por el centro, que solo la mitad de los visitantes son alemanes y el resto, de aquí. «Viene todo tipo de público, no solo estudiantes». En la biblioteca, un clásico como Günther Grass es el más solicitado, pero también atraen escritores modernos como Ingo Schulze.

Y cuando Ramo lo cuenta, las luces bailan, intentando formar colores, según decía Goethe en su Teoría del color: «La luz es una unidad indivisible y los colores nacen de la interacción entre los claros y los oscuros, entre la luz y la oscuridad».

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