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febrero 2, 2011 / edwin

El conejo inicia su año bañado en jengibre

Es uno de los más apetecibles del horóscopo chino y por eso figuraba anoche también en el menú de Nochevieja, entre los frutos de mar, el rodaballo y los filetes de buey: el conejo. Mejor comer eso, con jengibre además, que algunos otros de aquel zodiaco que se guía por años lunares en lugar de meses lunares, como la serpiente, la rata, el perro, el mono o el tigre. El último, bellísima bestia salvaje, despide esta noche su año -y el mío también-, que los astrólogos chinos ya preveían convulso, problemático, de crisis. Para el Gobierno de Pekín debió ser culpa también del tigre que el Nobel de la Paz se lo dieran a un disidente chino, Lu Xiaobo.

La verdadera paz, según los chinos, llega ahora, con el conejo. El conejo de metal, en esta ocasión, que también lo hay de fuego, de tierra, de agua y de madera, pero eso ya sería entrar mucho en detalle. El conejo, en general, significará el final de la crisis económica, ya que es el signo de los emprendedores. Dicen que los conejos (gente de los años 1939, 51, 63, 75, 87 y 99, más o menos, ya que el año lunar suele empezar entre enero y febrero) son los más afortunados. Pero es un animal cauto, atento, vigilante de que no se convierta en presa.

Lam Chuen Ping, que es de 1952, por muy poco no fue conejo; es dragón, que será el próximo signo. Como cada año, el chino más famoso y respetado de Barcelona abrió ayer su restaurante, Memorias de China, a famosos y otros invitados para celebrar el inicio del año nuevo -que, en realidad, será esta medianoche- aunque no sin antes cerrar toda la calle de Lincoln para el baile del inmenso dragón y león. Solo faltaba el típico portal de colores que marca la entrada de los Chinatown de Londres y San Francisco. Aquí llamamos Chinatown a la calle de Trafalgar y su entorno, pero es una cosa muy sosa -tan sosa como pueden ser los escaparates de mayoristas- en comparación con aquellas aglomeraciones de restaurantes y comercios chinos en grandes ciudades.

Son barrios donde puedes escoger la cocina china que te guste, donde ningún chino es igual, pese a que últimamente casi todos parecen dedicarse al dim sum, la versión china de nuestras tapas. A mí me encanta la cocina guerrera de Sichuan, que es la más picante por la pimienta que sus habitantes comen para combatir los fríos inviernos cerca del Himalaya; nunca olvidaré el hotpot de Sichuan que comí con decenas de chinos en un restaurante de Londres.

La de Lam Chuen Ping es cocina de Cantón, la más afamada y extendida, aunque no es la del insípido arroz tres delicias que nos cuelan aquí y que, tal vez, ha provocado que nos hayamos dejado seducir más por la cocina japonesa que, listos ellos, ya ofrecen también muchos chinos en Barcelona. Pero venga de donde venga, la cocina asiática sigue siendo una gran fuente de inspiración para los chefs de aquí, por lo que Mey Hoffman, Santi Samtamaría y Xavier Pellicer se apuntaron ayer también al conejo de Lam.

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