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febrero 18, 2011 / edwin

El faro que ilumina el Baix Llobregat

Con la noche cerrada, el edificio iluminado se supende en el cielo como un platillo volante, aunque de formas rectangulares. Se ve la luz, más brillante que cualquier estrella, desde muy lejos y debajo, durante mucho tiempo, no hay nada, solo la total oscuridad, hasta llegar a las primeras casas y calles iluminadas de Sant Boi. Desde su atalaya a 289 metros de altitud es como un faro que nos guía por el Baix Llobregat. Se ve desde el delta del río, desde el aeropuerto, desde la autopista C-32, desde las cimas del Garraf. Una construcción robusta y cuadrada que ya llama la atención desde hace casi 125 años en la cima del Montbaig, más conocida como la montaña de Sant Ramon porque es ese el nombre de esta ermita mágica que no deja de seducir nunca y que cada domingo origina una peregrinación masiva a las alturas, aunque no para ir a misa, que esa solo se celebra el tercer sábado de cada mes.

Es una buena excursión, un paseo recompensado con unas vistas aún más amplias y lejanas que desde Tibidabo. Y arriba, excepto los lunes, siempre estarán esperando Montserrat Bori, con sus platos caseros, y su marido Esteve Dinarès, que regentan el restaurante y bar de la ermita. Sin ánimo de lucro, ya que es una concesión del Ayuntamiento de Sant Boi, propietario laico de la iglesia, a la fundación Els Garrofers. «Se puede ver muy lejos, aunque los días claros son cada vez menos», me dice Esteve, que los domingos es cuando tiene más visitantes y trabajo.

La ermita la levantó en 1887 Josep Estruch Comella, hombre fuerte del Banc de Barcelona, en honor a sus padres Ramon, empresario y político nacido en Sitges, y Eulàlia. Del padre cogió el patronímico para la pequeña iglesia, y los feligreses lo convirtieron en un lugar de culto a Sant Ramon Nonat, a la vista de la gran cantidad de peleles aterciopelados de bebé que cuelgan en las paredes al lado de las puertas de entrada y salida.

Y hay notas escritas, muchas, algunas improvisadas en una servilleta. «Gracias Sant Ramon por el nacimiento de mi sobrina Ainhoa. Dale salud y vitalidad», le pide el tito Rubén. U otro: «Sant Ramon, Rocío te pide por favor que le quites el mal genio que tiene y el miedo». Ante tanta devoción, los gestores de la ermita han tenido que colgar un cartel que dice que los exvotos serán retirados periódicamente y que no se les puede reclamar después.

Fuera, niños juegan a la pelota y un padre intenta levantar unas cometas en el viento que puede soplar con fuerza aquí y que ha avivado más de un incendio forestal. Viento que no ha podido ahuyentar los fantasmas que pululan por la ermitan, según descubrió gente de Madrid que realizó un estudio esotérico sobre este lugar tan especial. Fantasmas que Esteve Dinarès jamás ha visto ni oído pero eso puede ser porque entre semana solo abre de diez a dos y no suele pasar las noches oscuras aquí arriba.

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