Skip to content
febrero 18, 2011 / edwin

La inmunidad de las fachadas viejas

Es la pesadilla de los constructores y más ahora, que no andan sobrados de trabajo ni de dinero. Adquieren un inmueble en mal estado y es mejor derruirlo por completo que reformarlo. Sale más barato incluso. Hasta que del ayuntamiento les dice que vale, que se puede tirar todo el bloque, pero a excepción de la fachada. Mal asunto para el constructor, buena noticia para el futuro paisaje de la calle. La obligación de mantener la delantera encarece y condiciona mucho la obra, ya que el nuevo diseño debe ajustarse a la distribución original de la puerta, las ventanas y, por eso, la altura de cada piso.

«Claro, la diferencia en el coste es considerable. Si hay que mantener la fachada, la obra no solo es más compleja, sino que también cuesta más tiempo», me dicen desde un despacho de la constructora Ràfols Raventós que, más de dos años después de vaciar un bloque en la calle de la Diputació, entre la rambla de Catalunya y Balmes, ha comenzado el derribo, con las aparatosas muletas que mantienen en pie la fachada y que ocupan media acera. A veces parece un milagro que la, de repente, muy frágil fachada de apenas 30 centímetros de grosor no se venga abajo.

«Supongo que nos dijeron del ayuntamiento que no se podía tirar la fachada», añaden desde la constructora. Pero no hace falta que lo digan desde despachos municipales: la mayoría de constructores ya deben conocer las reglas, y esta en concreta, que fue aprobada en el 2002 como ordenanza de rehabilitación y mejora del Eixample. En el artículo 19. Derribos lo pone muy claro: «Las fachadas de edificaciones anteriores a 1932 se han de mantener a pesar de que no estén protegidas individualmente o que exista declaración de ruina del edificio».

La ordenanza afecta al llamado Sector de Conservación del Eixample, que incluye buena parte del distrito diseñado por Ildefons Cerdà. El bloque de Diputació 239-247 data de 1919 y es uno de los trabajos más anónimos de Enric Sagnier, arquitecto modernista de obras en Barcelona como la Audiencia, el edificio de Aduanas, el templo del Sagrado Corazón del Tibidabo y la sede central de La Caixa en la Via Laietana. La fachada tiene unos relieves sobre un fondo de color granate y es, por lo demás, bastante austera. Antes albergaba en los bajos una agencia de viajes, Bestours, de la que todavía permanece un cartel en el interior, casi desaparecido bajo los escombros. Fue también la sede central de la empresa alemana de hilaturas Gütermann, de la Asociación de Consumidores de la Provincia de Barcelona y del Gremi de Vidre, entre otros. Era uno de los primeros edificios de Barcelona destinado solo a oficinas.

Ahora habrá pisos y un párking. Pero para eso faltan años. De momento, el enorme vacío despierta la curiosidad de transeúntes. «¿Qué van hacer aquí?» es la pregunta más repetida. Nadie pregunta «¿qué hubo aquí?» Y es que nos olvidamos enseguida de lo que ya no existe.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s