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febrero 18, 2011 / edwin

Leer un cuadro mejor que un libro

Calculan que de cada 20 niños en una clase dos sufren dislexia, pese a que ni estos ni sus profesores ni los padres lo saben, en la mayoría de los casos. O, al menos, no lo saben al principio, en los primeros años. Los chavales no son tontos, pueden ser muy inteligentes incluso, y por eso se les tacha a menudo de vagos. Podrían aprender mucho, pero parece que no les dé la gana. Allá ellos. Hasta que un médico o psicólogo o, tal vez los padres o profesores, se den cuenta que los chicos tienen lo que se llama una DEA, una dificultad específica de aprendizaje. La dislexia, en este caso, el trastorno que impide comprender bien la lectura.

«Por eso, nuestra metodología no parte del libro, sino de la observación. Buscamos los centros de interés de los niños, les enseñamos y explicamos las cosas, y al final de todo llega el libro. Pero nunca partiremos del libro, nunca un profesor dirá: vayamos a la página 100…». Maria Pàrraga me resume un poco cómo funciona su colegio de la fundación pedagógica El Brot. Tienen en el cole de Sant Joan Despí 70 niños, todos disléxicos, desde Primaria hasta ESO. Y no solo del pueblo. De toda Catalunya. Uno incluso de Logroño. Y el próximo curso llegará otro de Oviedo. Con sus padres. Las familias que se lo pueden permitir vienen a vivir cerca para intentar ofrecer un futuro mejor a sus hijos, que no son vagos, sino disléxicos.

Pero una fundación necesita dinero, y por eso se inauguró ayer en el centro de Can Negre, también en Sant Joan Despí, la exposición Dislèxia i Art. Más de 20 cuadros con la lectura como tema central, las figuras grandes e inocentes del pintor Salvador Collell, que no es disléxico, aunque muchos genios creativos y famosos sí que lo son o eran, como recuerda El Brot en su web: Pablo Picasso, Thomas Edison, Hans Christian Andersen, Ernest Hemingway, John F. Kennedy, John Lennon, Richard Branson, Tom Cruise, Cher…

Los cuadros de Collell se pondrán a la venta, y el dinero recaudado irá a la fundación, desde donde Pàrraga reclama más atención para los disléxicos. En los centros educativos convencionales apenas hay interés ni medios para atenderlos, la Generalitat destina pocos recursos a un problema bastante común; con un 10% de afectados, no es una de esa enfermedades excepcionales.

Algunos creen, erróneamente, que el trastorno se puede curar… Imposible, me dice Pàrraga, «siempre formará parte de tu vida». Aunque no por eso debe ser un lastre que lleve al fracaso o la miseria. Pero muchas veces los años en el colegio causaron algún trauma. Pàrraga se encuentra con adultos disléxicos que aún lloran cuando recuerdan lo mal que lo pasaron. Querían, pero no podían. Y nadie les echaba una mano.

Le pregunto cómo salen los niños de El Brot, si sus notas, al final, son buenas. Pero Maria no me habla de notas. Dice que salen niños felices, que han disfrutado aprendiendo. Lástima que luego vuelven a chocar con el muro de la incomprensión.

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