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febrero 23, 2011 / edwin

Lo que no vieron los ‘paparazzi’

En realidad, me dirigía a la parte más baja del Born, a la calle de Rera Palau, para descubrir algo más del bar que se convirtió por gracia de los flases de los paparazzi en el más famoso de Barcelona. Fue a la salida del club Coppelia donde se inmortalizó el primer gesto cariñoso entre el futbolista Gerard Piqué y la cantante Shakira, fotos que a partir de hoy llenarán las revistas y programas de corazón. Pero la ciudad esconde aún tantas sorpresas que mientras yo esperaba la apertura del Coppelia y la llegada de su dueño, Christian Rubio, me asombré por el aspecto de la calle, la presencia en los números pares de la corta vía de cinco negocios que se llaman «de toda la vida».

Mientras el viejo coctelero Iván Rubio de El Copetín abrió el Coppelia ahí hace solo cinco años y su hijo Christian reformó el local y el concepto hace uno para atraer a una clientela de lujo como Shakira, que igual que Rubio es de Barranquilla (Colombia), los comercios vecinos tienen una larga historia. Su supervivencia, con escaparates, carteles e incluso personal a la antigua, choca en un barrio donde hace una década comenzó a aterrizar lo más fashion de la ciudad, con tiendas de última moda y bares de nuevas tendencias.

Cerca de Marquès d’Argentera está la pensión Francia, de una modesta estrella, con vistas a la estación con el mismo nombre de donde seguramente provenía siempre buena parte de sus huéspedes. El dueño acaba de jubilarse tras décadas pero la pensión perdura. Al otro lado de la coctelería abre el bar Xiki, con terraza y pulpito frito a 4,50 euros y salchichas con cebolla a 3,90. Su vecino es Manfred Ribas, desde hace 29 años en una peluquería -donde sucedió a su padre- que ha convertido en un pequeño museo, con utensilios y listas de precios de otras épocas. En 1967, afeitarse costaba 17 pesetas, en 1994 fueron 850 pesetas y ahora Ribas cobra 10 euros.

El barbero es de la gente que puede explicar en pocas frases cómo ha cambiado el barrio. «Antes, compraba el periódico en el quiosco del paseo del Born y tardaba media hora en llegar aquí, por tanta gente que me encontraba por la calle. Todos nos conocíamos. Ahora nadie te saluda, porque los empleados de estas tiendas no duran ni seis meses».

Y algunos comercios no duran ni un año, pero al lado de la barbería, en el número 2 de Rera Palau – que debe su nombre a encontrarse tras el desaparecido palacio de Lloctinents – sobrevive ya desde casi la guerra la vieja papelería Carreras, que ha aplicado con poco gusto el cortar y pegar para adaptar sus monumentales rótulos a la leyes lingüísticas catalanas. Así, unas simples hojas de papel convierten «Efectos de escritura» en «Efectes d’escriptura».Y al final de la calle, o al principio, con la puerta ya en la plaza de las Olles, está desde 1850 (!) la Casa Calico, que vende redes, hilos, cuerdas y todo lo demás para la pesca, aunque seguramente no fue aquí donde el azulgrana Piqué compró su anzuelo y cebo.

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