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marzo 16, 2011 / edwin

La fiesta de ver a esos ‘locos’ sufrir

Seguramente, esta semana llegará a este periódico alguna carta al director de algún automovilista cabreado que se ha visto atrapado esta mañana en una calle cortada de Barcelona, que no ha podido salir de su párking subterráneo o que no ha podido llegar a cuatro ruedas a casa de los suegros. Cada año los hay, los que arremeten contra este tipo de eventos porque afectan a la movilidad durante unas pocas horas un domingo por la mañana. Nunca dicen que ellos se informaron mal, que no sabían nada de que iba a haber un maratón por las calles de la ciudad.

En número de corredores, ya más de 15.000, el maratón de Barcelona ha resurgido mucho más rápido de sus cenizas de lo que se podía imaginar tras la defunción temporal de la prueba en el 2005, cuando no se llegó ni a organizar. Cada vez más es una carrera popular. Pero lo de popular también se refiere a los espectadores, a una ciudad que se entusiasma con la prueba, que llena las calles con tanta alegría como si fuera un día de Sant Jordi, que por no sé qué razón siempre es bastante más alegre y festivo que la Diada.

En Nueva York y Londres, grandes metrópolis tomadas por los coches, nadie se queja ya de que la ciudad se paraliza una mañana al año para el placer, y el sufrimiento, de miles de esos locos a lo largo de 42,195 metros. Londres edita incluso una guía para los 1,7 millones de espectadores en torno al Tower Bridge, el Támesis y Buckingham Palace. Y en Nueva York, con el maratón de los maratones, suelen ser 2,5 millones de personas las que se apostan en las aceras para animar a los atletas, ofreciendo una imagen de Queen’s, Brooklyn y Manhattan bien distinta que en cualquier otro día del año.

Aquí, eso nos cuesta todavía. El maratón, durante décadas marginado a una travesía por la costa desde Mataró, aún no tiene la tradición que tiene en esas grandes urbes. Aquí, esta mañana aún muchos barceloneses se han levantado sorprendidos al ver a primera hora gente corriendo delante de sus casas. ¿Qué pasa aquí? Pues aquí aún se deben escribir cartas al periódico, como la del pasado martes del veterano corredor Miquel Pucurull, aún incansable a sus más de 70 años, con una súplica: «Puestos a pedir, y perdón por la osadía, nos gustaría ver a mucha gente entre el Fòrum y la Vila Olímpica, de los kilómetros 30 a 34, los más difíciles. En ese tramo necesitaremos muchos ánimos para rehacernos y llegar a la meta».

Ahí, en esa zona más vacía que en otras zonas de la ciudad -esos más de 42 kilómetros ocupan un gran número de calles, desde el Paral·lel hasta la Meridiana, desde la Rambla hasta la Diagonal- se encuentra lo que los corredores llaman «el muro», el lugar donde se ha apostado un invisible hombre con un mazo para golpearles sin misericordia y sacarles las últimas fuerzas de su ya maltrecho cuerpo. Ahí, en el litoral, al lado del mar, se ve todos los días del año muchísima gente corriendo. Sufren, pero parecen felices.

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One Comment

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  1. Miquel Pucurull / Mar 25 2011 4:32 pm

    Es muy de agradecer que los medios generalistas -no únicamente los deportivos- comiencen a interesarse por el fenómeno social que es el maratón. Y si encima, quien lo hace es un periodista del nivel de Edwin Winkels (puede parecer coba pero no lo es; hace muchos años que sigo sus artículos en “El Periódico” y siempre “dicen” algo singular), la felicidad de los “locos” es total.

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