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marzo 20, 2011 / edwin

El aprendizaje de un buen fracaso

No tienen ningún reparo en meterse con los más grandes. Cada año -bueno, esta es solo la tercera edición- otorgan los Fiasco Awards, premios a los grandes fracasos del año en el sector de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El primer elegido fue Windows,

con su titubeante Vista, y le siguió Apple. Anoche, el premio gordo, el mejor fiasco del año, recayó en Goo-gle, que a la tercera venció, pues ya fue finalista en el 2009 con su proyecto Lively y en el 2010 con el Wave. Ahora, finalmente, ha ganado con el Buzz, un híbrido de Twitter, Facebook y otras redes sociales que apenas le han permitido hacerse un hueco en ese mercado.

No suelen aparecer los ganadores en la fiesta de entrega del club Elephant de Pedralbes, cerca de las aulas de esos estudiosos y exalumnos de la Politècnica. No les faltaba a los organizadores capacidad de reírse también de si mismos, porque incluyeron la edición de los Fiasco Awards 2010 entre los finalistas de este año, después de que ganara aquel año el iPad. Porque a un artilugio que vendió 15 millones de ejemplares en nueve meses difícilmente se le puede llamar un fracaso. Pero los votantes (la elección se hace a través de internet) no tenían la misma capacidad visionaria que Steve Jobs, quien, por supuesto, tampoco acudió a recoger el premio.

Se perdió Jobs un ambiente distendido de treintañeros y cuarentones «de la red», como dicen ellos, escuchando a un grupo de jazz y a Carles Flavià. Y esa red, internet, tiene muchas ventajas, pero no te permite tomar una copa con amigos. «Es un poco nuestra fiesta anual», me decía Antoni Brey, ingeniero de telecomunicaciones y uno de los inventores del premio. «Se nos ocurrió en una cena, pensando en cómo podíamos acercar un poco más la tecnología a la gente, a los jóvenes».

Todos los finalistas de este año proceden de ese mundo de las TIC, como la plataforma del.icio.us de Yahoo, la biblioteca digital Europeana, la red social Keteké de Telefónica y Myspace, con una mención especial, y el segundo puesto, para el fallido referéndum electrónico sobre la reforma de la Diagonal.

Entre votos y risas, los organizadores de estos premios insisten en que un fiasco no es malo, sino todo lo contrario, que sirve para aprender. O sea, quieren potenciar una actitud positiva hacia los fracasos. Lo que no son los Fiasco Awards, añaden en su página web, es ni una forma de escarnio público, ni una plataforma de desacreditación, ni ganas de hacer leña del árbol caído.

Y puede que el próximo año deban volver a incluirse a ellos mismos entre los finalistas, porque votaron menos de la mitad de internautas que el año pasado, con 3.220 votos. Con esa pérdida de su poder de convocatoria, los Fiasco Awards van camino de su propio final. Pero tienen confianza, inspirándose en una frase de Pep Guardiola: «Aquello que nos hace crecer es la derrota».

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