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marzo 20, 2011 / edwin

La misma voz, de Túnez a Marsella

Llama la atención la gran precisión cuando en un pequeño rincón de la exposión Veus de la Mediterrània, desde ayer gratuita en el Museu Marítim de Barcelona, se explica cuánta gente habla estas voces, las diferentes lenguas de la parte occidental del Mediterráneo. Bueno, una precisión solo aplicada al catalán. El árabe lo dominan entre 255 y 260 millones de personas, el francés entre 67,7 y 71,4 millones y el castellano entre 357 y 370 millones, según explica una pequeña nota sobre «lenguas y territorio» . El occitano debe ser más problemático, porque el margen es amplio: entre un millón y 3,7 millones lo hablan. Pero respecto alcatalán, no hay duda ninguna, nada de «entre tal y tal». El catalán lo hablamos 11.011.168 personas.

Pero una más o una menos, eso da igual. Somos muchas, muchísimas las voces en torno al Mediterráneo. Y no siempre nos entendemos, por supuesto, que el sardo, el corso y el amazigh, por ejemplo, son muy diferentes. Pero dentro de esas voces hay elementos comunes, escenarios casi iguales en todos estos rincones y personas que, en realidad, no difieren tanto. Es esa una de las ideas, de los mensajes de esta exposición itinerante, que tras llevar un año en Manresa (Bages) y Torroella de Montgrí (Baix Empordà), donde se encuentra el Museu de la Mediterrània, pasa por las Drassanes de Barcelona antes de viajar a ciudades como Túnez y Estocolmo.

«Hemos querido dejarnos guiar por situaciones, no por la geografía», explican los comisarios de la muestra, Jaume Ayats y Joaquim Rabaseda. Situaciones de la vida diaria, donde las personas hablan su lenguaje, utilizan su voz, un «artificio humano invisible» que han querido atrapar en 70 horas de grabaciones audiovisuales de los que se exhiben, repartidos en varios apartados, unos 50 minutos en una veintena de monitores en el vestíbulo del museo. Los comisarios han divido la voz en dos: una es para la comunidad; la otra, «para el otro», más personal.

Y esa comunidad es el mercado, el templo, la calle y el teatro, según ellos. Están Ayats y Rabaseda sobre todo contentos con las voces de los mercados, donde parece que el tomate y el calabacín no saben de lenguas, sino que la entonación de sus vendedores es igual, sea en Palermo, en Túnez o en Málaga. «Ahí hay un uso de la voz espectacular», dicen. Eso de los teatros o templos puede ser un concepto amplio, por cierto: también figuran ahí las voces de un estadio de rugby, aunque los habrá que dudan si los campos deportivos son teatros o templos.

Las voces «para el otro» son tres en esta exposición. La voz de jugar se habla en una partida de cartas, o en una comida en grupo. La de decir es la que cuenta historias, sea con una voz desdoblada de una anciana de Formentera o de un joven poeta slam de Marsella. Y la de trabajar es la voz de un pastor o de un pescador, que hay muchos en el Mediterráneo. Muchas voces, en general, 11.011.168 de ellas en catalán.

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