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marzo 20, 2011 / edwin

Magia y algo de engaño en el Born

En la esquina del paseo del Born con la plaza Comercial, ambos bañados en un espléndido sol de primavera, la pregunta es quién engaña más, el mago Miki o el ayuntamiento. El primero, claro, lo hace a propósito, sus trucos son su tarjeta de presentación. El consistorio, no nos engañemos, también sabe de trucos. Como el del viejo mercado del Born, espina dolorosa clavada desde hace muchísimos años en la planificación urbanística.

Es una jornada festiva en el barrio de la Ribera, con actuaciones, descuentos y puertas abiertas bajo el epígrafe de fiesta de la cultura y del comercio del Born. En el folleto de presentación, prometen «una visita a la zona más próxima a las obras del Centre Cultural del Born», o sea aquel antiguo mercado de abastos en desuso desde 1971. Pero es una trampa, como la del mago, y la chica que recibe a la gente admite que de las 600 personas que se han acercado hasta las tres de la tarde a ver las interminables obras del mercado unas cuantas se han quejado. «¿Esto es todo?», preguntan, porque una valla impide el acceso y lo único, lo único que se ve desde ahí, en medio de la acera, es un enjambre de andamios. Nada de los restos de la trama urbana medieval que obligaron a anular la transformación del mercado en una biblioteca.

Pero la decepción del mercado del Born es, tal vez, la única mancha negra en una jornada muy colorida y alegre. Gracias al sol, pero también a esa idea de promocionar los comercios y los centros culturales del barrio, algunos a punto de estrenenarse como La Seca. «Hay más movida, sobre todo por la mañana, cuando el alcalde daba un paseo. Nunca he visto tanta gente aquí», me dice Camilla Beltrame en la tienda Gamoya, justo al lado de La Seca, en la estrechísima calle de Flassaders, donde ella y los otros comerciantes ya respiran de alivio tras un año de obras para reformar la vieja fábrica de la Moneda y, un poco más arriba, el nuevo centro de conocimiento e investigación del museo Picasso.

Nunca lo han tenido fácil, estas pequeñas tiendas originales que devolvieron la vida a la Ribera y de las que muchas tuvieron que cerrar por falta de compradores, al hallarse a veces en callejuelas bien escondidas. Pero este sábado, todo el mundo parece contento y feliz. Parejas se besan en el paseo del Born, donde de los altavoces del podio instalado en la puerta trasera de Santa Maria del Mar suena una relajante música de fondo. Además de mucho polen verdoso y alergénico, hay amor en el aire, como cantaba John Paul Young en 1977.

Y en el aire muestra sus cartas el mago Miki. Cada media hora atrae a su mesita azul y plegable un público que alucina con sus cartas y bolitas y pañuelo. A algunos transeúntes hay que convencerles de que Miki no es un trilero más de la Rambla, aunque se ganaría bien la vida ahí. Incluso de cerca, muy de cerca, nadie descubre los trucos del mago.

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