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enero 25, 2012 / edwin

Impuestos de Suecia, servicios de España

Esta semana comprobaremos cuánto deberemos pagar a Hacienda partir de ahora. Tras el anuncio de Rajoy de la subida del IRPF, en Catalunya el trabajador tributará casi tanto como en Suecia. Pero, a cambio, aquí no se cobra el mismo paro ni hay 480 días de permiso de maternidad. Este es un viaje al paraíso social.

(El pasado domingo salió en el Cuaderno de Domingo de El Periódico: http://bit.ly/xvWNQA  Hoy lo alojo provisionalmente en este blog.)

Pagar a la nórdica, recibir a la española

POR EDWIN WINKELS / ESTOCOLMO
Jueves por la mañana en la minúscula cafetería de Wayne’s Coffee, en la céntrica plaza de Stureplan de Estocolmo. Fuera hace dos grados, dentro 10 veces más. En una de las mesitas hay tres hombres jóvenes con un ordenador portátil. En la de al lado, tres mujeres igualmente jóvenes con un bebé cada una. No es para reforzar ciertos estereotipos del papel del hombre y la mujer, ni los seis son mujeres y maridos –ni siquiera se conocen–, porque justo aquí, en Suecia, es donde más igualdad de género se intenta lograr a base de leyes, impuestos y subvenciones. Y aunque es normal ver a muchas, muchas mujeres con bebés por la ciudad, a cualquier hora del día, en cualquier bar o tienda o calle, también se ve a muchos hombres empujando el carrito, sin ninguna mujer a su lado. «Yo ya cogí seis meses para estar con mi hijo, que ahora tiene 3 años», dice Jonas Möller, uno de los tres hombres con portátil.
El permiso de maternidad o paternidad es uno de los mayores logros del sistema social de Suecia. Por bebé, una pareja tiene un máximo de 480 días, de los que un mínimo de 60 están reservados para el hombre. Si no los quiere coger, los pierde. Möller los aprovechó, y eso que no es empleado, sino que tiene su propia empresa. «Tuve que entregar a la Seguridad Social unos cálculos de lo que había ganado en el último año». Sobre esa cantidad, recibió un 80% para la baja de paternidad. «Pero es más difícil para nosotros, los autónomos, porque quieres y necesitas que tu empresa siga funcionando», añade.Hasta los 8 años 
Para eso existe la opción de coger la baja también a tiempo parcial, como cuenta Malin, una de las tres mujeres en la cafetería, con su bebé Alexander, de cinco meses, en brazos. «Preferí trabajar dos días a la semana, que me aporta además la ventaja de que esos 420 días de permiso los puedo repartir sobre más años», explica esta auditora. En Suecia, el permiso de maternidad se puede aprovechar hasta que el niño o niña tenga 8 años. «Pero la gran mayoría cogemos la baja ahora, cuando acaban de nacer», cuenta la
food manager (directora de alimentos) Therese, con su hijo Max, de cuatro meses. Ida, que tiene la misma profesión, con su niña, Kerstin, de dos meses, asiente. «Luego ya la puedes llevar a una guardería».

Muchos carritos 
Las tres mujeres quedan cada jueves por la mañana en esta cafetería. Y así será, como mínimo, hasta que se les acabe ese eterno permiso de maternidad. Y no son las únicas, aparentemente. En un invierno que los suecos llaman «suave», con temperaturas que rondan los cero grados, bares y cafeterías están repletos de carritos de bebés. Y nuevamente, también con muchos papás en lugar de mamás. La tasa de natalidad en Suecia subió en el 2010 a 1,97 niños por mujer, casi al nivel del 2,13 de 1990. Ahora, igual que entonces, una renovada política de cobertura social para familias con niños ha permitido remontar el vuelo y dejar atrás valores de natalidad más bajos como los 1,68 (en 1980) y 1,50 (en 1999), para así intentar combatir el envejecimiento de la población. En España, en el 2010 la tasa de natalidad se encontraba en 1,33 niños por mujer.
«El seguro de paternidad, como lo llamamos aquí, tiene ahora un efecto notable sobre el número de nacimientos, aunque no siempre ha sido así. Va por rachas. Al poco de introducirlo, en 1974, con 180 días de permiso, tuvo su primer efecto, pero luego hubo un bajón. Han sido nuevas medidas, como alargar el permiso a 480 días y el de los padres a 60, que han surtido efecto»,explica Niklas Löfgren, especialista del sistema del departamento de familia y economía del Forsäkringskassan, la Seguridad Social de Suecia. Además, por cada niño el Estado paga a las familias, hasta los 18 años, unos 120 euros al mes.
Desde el 1 de enero de este año, una nueva regla permite a los padres coger 30 días los dos a la vez en el primer año de su hijo. Todo se hace también con la intención de crear cada vez más igualdad, fomentar la voluntad entre los padres a pedir la baja igual que las madres; ahora, la proporción ya es de un 23% de padres y 77% de madres en repartirse los días de permiso. «Si solo fueran las madres las que cogieran la baja de 480 días, las empresas dejarían de contratar a las mujeres jóvenes», según Löfgren.
Ahora, mujeres como Therese, Malin e Ida saben que cuando regresen a su empresa, les tienen que dar «el mismo puesto de trabajo de antes o uno parecido», cuenta Therese. «Y para mí, Max es mi segundo hijo en poco tiempo, pero las empresas en Suecia ya saben lo que hay». 
Y no solo es eso, está la mentalización del empresariado. No se financia este costoso pero mundialmente elogiado sistema de permisos de maternidad (se cobra durante la baja un 80% del último sueldo), directamente con el también muy famoso alto impuesto que paga el trabajador sueco, sino que es el empresario que asume casi todo el coste, además de la cobertura de otros seguros. Por encima del sueldo que se paga a un trabajador, la empresa paga al Estado un 31,42% en primas para la jubilación (10,21%), la enfermedad (5,95%) y la maternidad (2,2%), entre otros conceptos. Pero en el caso de la enfermedad, la contribución va todavía más allá: desde 1992, es la empresa, y no la Seguridad Social, la que sigue pagando al empleado su sueldo en sus primeros 14 días de baja.
«Esa decisión tenía varios objetivos: intentar bajar el abuso que se hacía de la baja por enfermedad y, por el otro lado, estimular a las empresas a crear el ambiente laboral más agradable posible para sus trabajadores, para así tener menos bajas por enfermedad», dice Eva Sylwander, especialista en seguros del Försäkringskassan. En los años 60 y 80, Suecia tenía un ratio de ausencia del trabajo por enfermedad de hasta el 16%, porcentaje que ahora ha bajado a la mitad. «Y también se ha reducido el tiempo de prestación, con unos controles más severos por la enfermedad, porque hubo una época en que aumentaban mucho las bajas de larga duración», añade Sylwander.
Ahora, el trabajador recibe casi el 80% de su suelo durante los primeros 364 días de baja. Si persiste la enfermedad, tiene derecho a otros 550 días con el 75% del sueldo. Sylwander: «Pero durante todo ese tiempo, ya hemos empezado a buscar soluciones alternativas para el trabajador enfermo. A los 91 días, se empieza a mirar si dentro de la misma empresa puede realizar otro trabajo que sí sea compatible con su estado. Y después de 180 días también miramos fuera de la empresa, en el mercado laboral, para facilitar un trabajo más adecuado». 
Y el trabajador, además de recibir todas estas prestaciones, ¿cuánto contribuye al firme fundamento de ayudas sociales en Suecia? Para la seguridad social la restan un 2% de su nómina. Lo que sería el IRPF, este puede variar del 30 al 55%, según el salario que recibe. Además, ese primer 30%, más o menos, no va a la caja del Estado, sino a las arcas municipales. Los impuestos de trabajo los cobra en Suecia el ayuntamiento o la comunidad regional, que son los responsables de los principales servicios que se financian con el impuesto, sobre todo los de salud y de transportes. El porcentaje puede variar según el número de habitantes y la salud económica de las arcas municipales. Si el trabajador cobra más de 43.300 euros al año, el IRPF da un salto al 50%; ese 20% extra sí va directamente a Hacienda, el 25% en el caso de los salarios superiores a 62.000 euros.
Muy sindicalista 
Pero ni con los impuestos ni con su contribución del 2% a la Seguridad Social, los trabajadores suecos están completamente cubiertos en el caso de quedar en paro, y para pagar visitas médicas y medicamentos. La cobertura del desempleo es una herencia de los tiempos que el país era sindicalista casi al 100%, un origen socialista que, además, es la que ha influido decisivamente en todo este sistema de cobertura social, con la idea de que es el Estado quien cuida a sus ciudadanos. En Suecia, cuando un habitante (sea trabajador, autónomo, empresario, ama de casa o estudiante) esté registrado en el Försäkringskassan, sabe que desde ahí le coordinarán casi todos los servicios y prestaciones que puede recibir a lo largo de su vida. A excepción de la del paro.
«La prestación de desempleo no forma parte del programa de cobertura social del Gobierno», explica Fredrik Möller, portavoz del Arbetsförmedlingen, que es la oficina pública de empleo, pero que no paga directamente las prestaciones, sino que se dedica a facilitar la búsqueda de un nuevo trabajo. Es una organización dirigida por una mallorquina casada con un sueco, Ángeles-Bermúdez-Svankvist, con 10.700 funcionarios para atender las necesidades de unos 380.000 parados, un 7,6% de la población activa. «Un número que subirá los próximos años, porque también notamos la crisis aquí, sobre todo por el descenso en consumo –dice Möller–. Y el paro afecta sobre todo a los trabajadores sin formación y de la industria y manufactura. En trabajos muy cualificados necesitamos gente, por lo que se busca cada vez más en el extranjero».
Seguro voluntario 
Para poder cobrar el paro, un trabajador debe alistarse a uno de los A-Kasse, los fondos de cobertura de desempleo dirigidos por los sindicatos o colegios profesionales de cada gremio. Hay hasta más de 30 de estos organismos, según el trabajo que haga cada uno. Y según el gremio, se paga una cantidad u otra. «A la gente que trabaja en comunicación le pagamos unos 10 euros al mes, pero a los músicos, casi 45», explica Möller. Para poder cobrar el subsidio del paro, el trabajador debe haber sido miembro del sindicato al menos un año y haber trabajado seis meses, con un mínimo de 70 horas al mes. Entonces percibirá durante 200 días el 80% de su último sueldo, con un mínimo de 1.130 euros y un máximo de 2.387. Los siguientes 100 días, la prestación baja al 75% y después, por tiempo indefinido, al 65%, con la obligación de acudir a programas a tiempo completo de hasta 40 semanas para estudios de reciclaje. Quien no acaba esos programas, pierde el paro.
Aun así, nadie se queda sin cobertura total. «Sobre todo los inmigrantes no se apuntan a ese seguro voluntario de desempleo, por desconocimiento o falta de voluntad, pero nunca se deja a nadie sin ninguna prestación. En Suecia hay muchas formas diferentes para asistir a las personas», según Fredrik Möller. Además, es al final el Estado, con los impuestos cobrados, quien financia indirectamente este complejo sistema de desempleo, ya que el dinero que ingresan los A-Kasse apenas les llega para cubrir los gastos administrativos de sus organizaciones.
Y ni con esa cobertura casi al 100%, la felicidad en el paraíso social de Suecia es completa. En unos jardines justo enfrente de la sede central del Försäkringskassan en Estocolmo, ante la puerta de la iglesia de Santa Clara, se juntan cada día unas 150 personas para recibir una bebida caliente y, cada jueves, un plato de comida. «Hay unas 700 personas sin techo en Estocolmo, para quienes sobre todo el invierno es muy duro», comenta Lars Erik, uno de los voluntarios que atiende a los necesitados, aunque algunos lucen muy buen aspecto. «No podemos pedir a la gente el DNI de pobre, aquí se da comida a todo el mundo que lo pida». Según el voluntario, el número de personas que necesita ayuda ha crecido en los últimos años. «Suecia siempre ha sido buena para sus habitantes, pero supongo que todo tiene un límite».
Disfrutar de los impuestos 
Y para que ese Estado sea «bueno» y siga siéndolo, a la mayoría de sus ciudadanos no les importa los elevados impuestos y contribuciones que pagan, entre ellos también para visitas al médico (un máximo de 100 euros al año) y medicamentos (200 euros al año). «El impuesto es alto, pero si te pones a pensar vale la pena, porque no te tienes que preocupar de nada, te lo arreglan todo. Es un país muy serio en eso, no creo que haya otros países así. Si en España no sabes a dónde va a parar tu dinero, aquí disfrutas luego los impuestos en todos los sentidos», dice Emilio Hernández, un salmantino que lleva 40 años en Estocolmo y regenta el restaurante La Bodega.
Fuera hace frío, pero no tanto para los suecos. Ellos y ellas van bien abrigados, en todos los sentidos. «Es un país muy bueno para vivir y para que tus niños crezcan», dicen las tres madres en Wayne’s Coffee. Ni deben preocuparse luego por los colegios; solo hay lista de espera para los privados, que son muy pocos.

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